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Eucaliptos en Doñana

A los lectores más veteranos de Quercus el título de este editorial les habrá evocado problemas añejos que creían superados. Pero, al parecer, volvemos a las andadas. Cuarenta años después de su declaración como parque nacional en 1969, los eucaliptos vuelven a merodear por el entorno de Doñana, como si no hubiera llovido nada desde entonces. Los propietarios de las fincas de Cochinato y Cerrado Garrido han empezado a preparar los terrenos para implantar en ellos un cultivo intensivo de eucaliptos, con destino esta vez a la producción de biomasa. Tras el auge de la celulosa, las nuevas subvenciones que se conceden para fomentar las energías renovables han vuelto a hacer rentable a esta especie de crecimiento rápido y efectos devastadores sobre el suelo. Como bien han apuntado desde Ecologistas en Acción de Andalucía, “la fuente de biomasa debe ser sostenible, para lo cual hay que exigir que proceda de restos agrícolas o de podas y rozas del bosque.”
Pero no se trata de un caso aislado. La Empresa Nacional de Celulosa España (ENCE) está implantando más de 2.000 hectáreas de eucaliptos para este mismo fin en la provincia de Huelva, por si no fueran pocas las 100.000 aún destinadas a pasta de papel. El resultado es una nueva contradicción entre energías renovables y conservación de la biodiversidad, sectores que deberían ir de la mano en lugar de alimentar el enfrentamiento. Cuando se da por hecho que tanto la energía solar, como la eólica y la biomasa son intrínsecamente buenas, sus promotores no entienden que sean precisamente los ecologistas los que pongan pegas. El problema radica, como siempre, en el modelo elegido. Las energías alternativas no sólo son buenas, sino indispensables, mientras no caigan en la lógica empresarial imperante, dada a la concentración y al lucro inmediato. Con un criterio realmente sostenible, habría que buscar los emplazamientos adecuados para situar los parques eólicos, los huertos solares y los cultivos para biodiesel o biomasa. Si seguimos la tendencia imperante, sólo obtendremos sierras invadidas por aerogeneradores, huertos solares en zonas valiosas para la biodiversidad y cultivos forestales monoespecíficos en las lindes de nuestros mejores espacios naturales protegidos. Las energías renovables no eran esto.

El asunto tiene todavía más bemoles si caemos en la cuenta de que la propia Junta de Andalucía se ha dedicado a eliminar 10.000 hectáreas de eucaliptos en la comarca de Doñana durante los últimos años. No es de extrañar que la Consejería de Medio Ambiente haya dictado una paralización provisional de las dos nuevas plantaciones, que desde aquí animamos a que se convierta en permanente. Una petición que se une, no sólo a la de Ecologistas en Acción de Andalucía, sino a la de WWF/Adena (propietaria de la vecina Reserva Biológica del Guadiamar), a la de Fernando Hiraldo en nombre de la Estación Biológica de Doñana (CSIC) y a la de Juan Carlos Rubio, director del Espacio Natural de Doñana.
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