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Independientes, con el debido respeto

Sabemos de sobra que editar una revista tiene sus riesgos y que es imposible dejar contento a todo el mundo. Procuramos, eso sí, ser honestos con nuestro trabajo y no meternos en más charcos de los necesarios. Debería ser suficiente para evitar malentendidos e incluso maledicencias. Pero no lo es. Así que no nos queda otro remedio que dejar por escrito, una vez más, cuáles son las líneas maestras de Quercus.

En primer lugar, ha sido siempre una publicación independiente. Su viabilidad nunca ha estado sujeta a ayudas y subvenciones, ni siquiera a los ingresos por publicidad, y ya se sabe que organismos públicos y anunciantes son los primeros sospechosos a la hora de obtener prebendas. El que paga suele exigir algo a cambio de su dinero y por eso hemos sido muy cuidadosos con los caudales ajenos, no fuera que estuvieran envenenados. Por fortuna, desde hace más de 35 años, Quercus se sostiene con el simple apoyo de sus lectores, lo que es una enorme ventaja. Sobre todo, porque nos concede una posición de partida ganadora cuando se trata de negociar asuntos que bordean lo que nos hemos marcado como admisible.

Pero no se trata solamente de independencia económica, sino también de libertad de expresión. Son dos conceptos que suelen ir unidos. Cuanto más independiente sea una publicación, menos trabas y presiones encontrará a la hora de publicar lo que su equipo de redacción estime conveniente. No existe la censura como tal, pero sí hay veladas alusiones e incluso recomendaciones interesadas. En este terreno también somos muy cuidadosos y, como es obvio, muy exigentes. Más bien, intransigentes.

Convenía dejar claro todo esto, pues a veces nos encontramos en situaciones incómodas y, lo que es peor, ante infundadas sospechas de estar favoreciendo a algunas de las facciones que lidian en un conflicto. El caso es de libro: publicamos algo polémico y la reacción es inmediata. Incluso desde sectores que no suelen leer la revista. Alguien que sí la lee les ha ido con el cuento. El primer argumento suele ser que nos hemos puesto a favor de… o que somos muy amigos de… o que usamos la revista para presionar a… No hay duda, somos parte interesada y, desde ese momento, enemigos declarados de la parte contraria.

Nada más lejos de la realidad. El hecho de publicar una noticia, un artículo o una tribuna de opinión, no significa que comulguemos con sus autores. Ellos también son libres de expresarse. Pero si entendemos que el contenido puede ser relevante para la conservación de la biodiversidad y cumple unas mínimas normas de cortesía, lo publicamos. De lo contrario, estaríamos haciendo mal nuestro trabajo. Pero eso no significa que Quercus firme debajo. Poco después habrá una respuesta, una réplica, y Quercus tampoco la suscribirá. Se limitará a publicarla, a darla a conocer. La revista sirve de plataforma para el debate civilizado y, ojalá, productivo, pero no toma partido. Son los lectores los que, una vez informados de todas las posturas, podrán formarse una opinión.

Hemos dicho que no tomamos partido, pero eso también conviene matizarlo. Sí que lo tomamos y descaradamente a favor de dos colectivos: el de nuestros lectores y el de las especies afectadas. Siempre estaremos a favor del lobo, por citar al enemigo público número uno, y siempre defenderemos el derecho de lectores y suscriptores a recibir una información veraz, contrastada e independiente.

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