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Febrero 2017    26 de febrero de 2017

Editorial

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La Junta de Castilla y León, con el visto bueno del Ministerio de Agricultura, ha aprobado la aplicación excepcional de bromadiolona durante los primeros meses de 2017 para luchar contra las plagas periódicas de topillo campesino. Parece que esta vez los tratamientos van a ser puntuales y selectivos, aunque en temporadas anteriores se optara por sembrar indiscriminadamente de veneno los campos. Con escasos resultados prácticos y, todo hay que decirlo, importantes secuelas ambientales.

¿La decisión afecta a todos los cultivos? En teoría sólo a aquellos donde los topillos representan un riesgo para la cosecha. ¿Y cuáles son esos cultivos? Pues precisamente los de regadío. Quizá convenga recordar aquí que topillos campesinos ha habido siempre, aunque estaban recluidos en las zonas de montaña. Ha sido la agricultura de regadío la que les ha abierto las puertas antes cerradas de la llanura. Cuando la ancha Castilla se dedicaba al secano no nos enfrentábamos a tales problemas.


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