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Primera extinción histórica de un ave de la fauna española

La extinción del ostrero canario

miércoles 22 de octubre de 2014, 11:53h
El último ostrero canario que pudo identificarse con seguridad fue cazado por un naturalista inglés en las costas de La Graciosa en junio de 1913. Desde entonces se han producido algunos avistamientos esporádicos, aunque seguramente corresponden a confusiones con ejemplares divagantes del ostrero negro africano. Texto: Juan José Ramos Melo y Arturo Valledor de Lozoya. Fotos: Arturo Valledor de Lozoya. g
Tendemos a pensar que los animales que se extinguen por causas humanas son especies pertenecientes a faunas exóticas o islas remotas, pero no siempre es así. Aparte de algunos pequeños invertebrados que han desaparecido sin que casi nadie lo haya notado, en territorio español se han extinguido ocho vertebrados desde el siglo XVII. Uno fue el bucardo o subespecie pirenaica de la cabra montés (Capra pyrenaica pyrenaica), que pasó al recuerdo exactamente el 5 de enero del año 2000. Pero mucho antes ya se habían extinguido tres mamíferos y un reptil en las islas Canarias: el ratón de la lava (Malpaisomys insularis), que habitó Fuerteventura, Lanzarote y La Graciosa hasta hace unos pocos centenares de años, tristemente acompañado por sus parientes de Gran Canaria y Tenerife (Canariomys tamarani y C. bravoi) y por el lagarto gigante (Gallotia goliath). En cuanto a las aves, corrieron la misma suerte dos subespecies asimismo canarias: el mosquitero majorero (Phylloscopus canariensis exsul) y la tarabilla de Alegranza (Saxicola dacotiae murielae), además de una especie, tal vez dos si se incluye al escribano terrestre o patilargo (Emberiza alcoveri), del que se ignora si desapareció en tiempos históricos o antes. Esa especie a la que nos hemos referido era el ostrero canario u ostrero negro de las islas Canarias (Haematopus meadewaldoi), extinguido al menos supuestamente, ya que con carácter oficial aún no se le ha dado el Requiescat in Pacem (RIP). Más por conceder pábulo a una débil esperanza que por otra cosa, los libros todavía se refieren a él con la fórmula de “casi con seguridad extinguido”. Pero debe estarlo, y así lo cree también la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), porque nadie ha visto con certeza un solo ejemplar desde hace ya prácticamente un siglo.
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