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La mayoría de los submarinistas no sabe nada de esta especie

El impacto del buceo en el coral naranja

miércoles 22 de octubre de 2014, 11:53h
Texto: Alejandro Terrón y David León. Fotos: Asociación Hombre y Territorio.
El rango de profundidades donde habita el coral naranja, una especie endémica y protegida, viene a coincidir con la zona que exploran los submarinistas deportivos en sus inmersiones. Un reciente trabajo ha demostrado que en el fondo de las zonas más frecuentadas se depositan numerosos fragmentos desprendidos de las colonias, casi todos de pequeño tamaño, lo que se interpreta como el resultado del roce con las aletas o con otras partes del equipo de buceo.

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El Mediterráneo, que sólo representa el 1% de la superficie de los océanos mundiales, concentra el 7% de la biodiversidad marina y más de la cuarta parte de las especies que alberga son endémicas. El último episodio de desecación, conocido como Crisis de Salinidad del Messiniense, se produjo hace seis millones de años e interrumpió la conexión con el Atlántico a través del estrecho de Gibraltar. Esta crisis provocó cambios dramáticos en la fauna del Mediterráneo: muchas especies murieron, otras se desplazaron al Atlántico y sólo algunas lograron sobrevivir y adaptarse a las nuevas condiciones de salinidad elevada. Cuando el Atlántico volvió a unirse al Mediterráneo, las especies que sobrevivieron a la desecación tuvieron que evolucionar conjuntamente con las que llegaban a través del Estrecho, hasta configurar la comunidad que conocemos en la actualidad.
Durante estos sucesos de desecaciones y cambios faunísticos una de las comunidades animales más afectada fue la de los corales, que pertenecen al grupo de los Cnidarios. Este filo se caracteriza por tener cnidos o cnidocistos, simetría radial aparente y esqueleto externo o interno. Los cnidos se encuentran entre las estructuras más complejas y enigmáticas del reino animal y su origen quizá se deba al resultado de una simbiosis con un protista. Estos cnidos tienen diferentes funciones, entre ellas la captura de presas, la defensa, la adhesión, la formación de tubos e incluso la locomoción.
En la actualidad, los corales que viven en el Mediterráneo no representan ni el 5% de los descritos en el resto del mundo y ya no forman verdaderos arrecifes en aguas someras, aunque sí en fondos más profundos. También hay corales endémicos, tanto solitarios como coloniales, que se distribuyen desde las aguas someras –como Balanophyllia europaea– hasta las grandes profundidades –como Lophelia pertusa o Madrepora oculata–.
En los últimos años, la biodiversidad del Mediterráneo está disminuyendo de forma alarmante debido a la gran presión que ejerce el desplazamiento demográfico hacia el litoral y los distintos usos asociados a este incremento de la población. Durante 1997-98 se observaron episodios de mortandad masiva de corales en el sureste del Mediterráneo y, en el verano de 1999, un suceso similar afectó a corales, gorgonias y esponjas en las costas de Italia y Francia, lo que disparó la alarma tanto en la comunidad científica como entre los gestores de reservas marinas.
Los corales cumplen una función esencial en los ecosistemas marinos, cuando no forman ellos mismos un ecosistema propio, y tienen, por lo tanto, un gran interés biológico, ecológico y turístico. El coral naranja (Astroides calycularis), en concreto, es endémico de la parte suroccidental del Mediterráneo y en las costas ibéricas sólo está presente en la franja comprendida entre el estrecho de Gibraltar y Murcia, con densidades de población muy variadas. No obstante, las colonias más densas se encuentran en el litoral andaluz y representan un gran atractivo para el buceo deportivo. El coral naranja habita desde las zonas que quedan al descubierto por las mareas hasta los 20-25 metros de profundidad. Suele formar colonias masivas incrustantes que recubren paredes rocosas y entradas de cavidades, en ocasiones hasta en un 80-85% de su superficie. El llamativo color naranja al que alude su nombre vulgar da origen a espectaculares paisajes submarinos y de ahí su elevado interés para los buceadores. Sin embargo, aunque el coral naranja está incluido en el Catálogo nacional de especies amenazadas con la categoría de “Vulnerable” y figura en los anexos de los convenios de Berna, Barcelona y CITES, se desconocen muchos aspectos de su biología, así como su capacidad de resistencia frente a los impactos producidos en la costa por la presión humana.
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