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El sueño de una ciencia al servicio de todos

La Sociedad de Aclimatación de Francia y la ciencia mundana

miércoles 22 de octubre de 2014, 11:53h
La Sociedad de Aclimatación 
de Francia y la ciencia mundana
La divulgación del conocimiento científico se
inició en el siglo XIX. Hasta entonces, la ciencia había sido la ocupación de unos pocos.

Popularizar la ciencia supuso implicar a nuevos actores en la discusión. La Sociedad de
Aclimatación de Francia constituye un ejemplo temprano de esta estrategia. Hoy en día, las
revistas de alta divulgación educan y sensibilizan a públicos cada vez más heterogéneos.
En casa conservo los primeros cuadernos de Quercus, inconfundibles por el color negro dominante en sus portadas. Aunque he de admitir periodos de mayor o menor fidelidad, me considero lector asiduo de sus páginas, uno más entre los muchos que han permitido su pervivencia durante un cuarto de siglo. ¿Cuál ha sido el secreto del éxito de esta publicación? Fácil: leyendo Quercus se “aprende” en el sentido más amplio de la palabra. Sus contenidos interesan tanto al científico como al naturalista aficionado, al político gestor como al simple curioso en busca de entretenimiento a través de la lectura. Por eso y tras darle unas cuantas vueltas a la cabeza, en este número especial que celebra su 25 aniversario me ha parecido adecuado hablar de una asociación surgida hace ya más de 150 años, una corporación que entonces, al igual que ahora Quercus, trató de permeabilizar la práctica científica para otorgar voz a sectores de la sociedad escasamente involucrados en ella. Su actividad acarreó tanto consecuencias gratas como nefastas en el ámbito de la conservación, pero de lo que no cabe duda es de que supuso un cambio sustancial en la relación establecida entre los científicos y las sociedades que los sustentaban.

Me estoy refiriendo a la Sociedad Zoológica de Aclimatación de Francia, agrupación promovida por Isidore Geoffroy Saint-Hilaire (1805-1861), naturalista galo versado en zoología y domesticación. En el momento de su fundación en París, en febrero de 1854, Geoffroy Saint-Hilaire pretendía materializar una idea gestada a lo largo de gran parte de su carrera profesional. Quería poblar los campos y los bosques, los ríos y las costas con nuevas especies animales que acabarían convirtiéndose en fuentes de riqueza para la agricultura, el comercio y la industria. El indudable enfoque filantrópico de su proyecto de connaturalización de fauna perseguía el bienestar de la población, la mejora de la calidad de vida, especialmente de los estratos sociales más desfavorecidos.
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