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MODELOS PARA EXPLICAR SUS PATRONES DE DISTRIBUCIÓN ESPACIAL

La biodiversidad de árboles en la península Ibérica

miércoles 22 de octubre de 2014, 11:53h
Las medidas de gestión y conservación que se diseñan para nuestros bosques requieren saber
cómo varía la riqueza de especies y detectar aquellas zonas que albergan una mayor biodiversidad.

Por eso se ha contemplado la posibilidad de establecer patrones de distribución,
no sólo de especies, sino también de géneros y familias.

por Rafael F. García y Dolores Ferrer
Los árboles, que son las formas vegetales más grandes y longevas, llegan a ser dominantes en condiciones óptimas de clima y suelo (1), por lo que resultan ideales para comprobar la influencia relativa de determinados factores ambientales. En este trabajo se describe cómo varía la riqueza de árboles en la península Ibérica considerando tres categorías taxonómicas diferentes –especies, géneros y familias–, además de evaluar la importancia de diferentes factores macroclimáticos, topográficos y edáfico-litológicos en cada una de dichas categorías.

Con este objetivo, se dividió inicialmente la península Ibérica en 256 celdas de 50 kilómetros de lado. Después fueron eliminadas aquellas cuadrículas que incluían más de un 50% de superficie marina, de manera que finalmente quedaron 240 celdas. En cada una de ellas se estimó la riqueza total de plantas leñosas nativas que pueden alcanzar una altura de al menos siete metros. El 90% corresponde a árboles mientras que el 10% restante son siempre arbustos. También se prescindió de aquellas especies que tienen una distribución incierta, como los tarajes del género Tamarix o la mimbrera (Sa-lix fragilis), así como las que suelen cultivarse, caso de la higuera (Ficus carica) y el algarrobo (Ceratonia siliqua), lo cual dificulta establecer su distribución natural. Así que finalmente se consideraron 79 especies repartidas en 34 géneros y 17 familias.

Como variables climáticas se contemplaron las precipitaciones y las temperaturas medias anuales, la evapotranspiración potencial anual y las temperaturas medias diarias en los meses de enero y julio. También se tuvo en cuenta la evapotranspiración real anual, tres variables geográficas (latitud, longitud y rango altitudinal) y dos relativas a la composición del suelo (número de materiales litológicos y porcentaje de sustratos carbonatados).
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