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UN SUPUESTO HABITANTE DE LAS ISLAS MASCAREÑAS

Leguatia gigantea: el ave que nunca existió

Leguatia gigantea:  el ave que nunca existió
miércoles 22 de octubre de 2014, 11:53h
Leguatia gigantea es una supuesta ave extinguida de la cual se lleva hablando 150 años
en libros y artículos. Aquí demostramos, sin embargo, que jamás existió. Pero antes
contaremos la enrevesada historia de cómo llegó a tener entidad científica.

Para hacerlo hemos de remontarnos a otros 150 años atrás, que es cuando
tuvo lugar una de las peripecias más novelescas de las Ciencias Naturales,
la de cierto personaje llamado Françoise Leguat, de cuyo apellido
procede el genérico de esta ave.

Texto y fotos: Arturo Valledor de Lozoya y David González
El final de la Guerra de los Treinta Años en 1648 no zanjó los conflictos religiosos en Francia que, 75 años antes, habían alcanzado su punto más luctuoso en la Noche de San Bartolomé, en la que unos 6.000 calvinistas franceses, más conocidos como “hugonotes”, fueron masacrados en París y otros 10.000 en provincias. Los enfrentamientos se mantenían debido a la intransigencia de Luis XIV con ellos. Primero les prohibió que predicaran, luego que enterraran a sus muertos de día, después anuló los matrimonios en los que uno de los cónyuges profesara ese credo y autorizó que las deudas contraídas con un hugonote quedaran saldadas si el deudor declaraba su fidelidad a la Iglesia de Roma. Cuando su ministro Colbert murió, el Rey Sol ya no encontró impedimentos a su intolerancia religiosa. En 1685 derogó el Edicto de Nantes que su abuelo Enrique IV –el rey hugonote de la frase “París bien vale una misa”– había decretado autorizando la libertad de cultos. De este modo, la disconformidad con la fe oficial pasó a ser delictiva y se castigaba con pena de galeras, prisión o incluso la muerte. Las ciudades de la región del Midi, que concentraban a un gran número de hugonotes, fueron ocupadas por la soldadesca, la cual tenía carta blanca para alojarse en las casas de aquéllos, en las que los robos, violaciones y asesinatos no tardaron en producirse. El resultado fue que entre 200.000 y 300.000 protestantes franceses, los mejores hombres y mujeres del país, se vieron forzados a exiliarse en Suiza, Alemania, Holanda e Inglaterra, donde sus creencias eran aceptadas.

Ocho adanes en el Paraíso Terrenal
Otros optaron por irse bastante más lejos. Este fue el caso de un gentilhombre de Bresse llamado Françoise Leguat, quien, tras permanecer cuatro años preso a raíz de la revocación del citado edicto, en 1689 se refugió en Holanda. Allí trabó amistad con el también exiliado marqués de Duquesne, el cual había proyectado formar una utópica república calvinista dirigida por un senado presidido por él mismo. El proyecto, que contaba con el apoyo de la Compañía Holandesa de Indias Orientales, habría de llevarse a cabo en una isla deshabitada, y para ello se había elegido la de Reunión, que por entonces se llamaba Borbón o Mascareña. Con objeto de reclutar peregrinos, Duquesne redactó un prospecto que hablaba de las excelencias de vivir en el Edén, y, para llevarlos allí, fletó dos barcos. Pero, cuando éstos ya estaban listos para zarpar del puerto de Ámsterdam, supo que Luis XIV había enviado una flotilla de siete navíos de guerra a fin de recuperar la isla como base para la Compañía Francesa de Indias. Ante aquello, Duquesne suspendió la partida y, en su lugar, fletó una fragata llamada L’Hirondelle (La Golondrina). En ella y a modo de avanzadilla irían veinticinco hombres, número que luego se redujo a sólo nueve por abandono de los demás. Su jefe era Leguat, que ya había cumplido 52 años. Los demás tenían entre 20 y 30, dato de gran importancia por lo que luego se verá. El 10 de julio de 1690, L’Hirondelle partió de Ámsterdam al mando de un capitán hugonote llamado Antoine Valleau. A bordo iban Leguat y sus ocho compañeros, un piloto y un niño grumete. El barco enarbolaba un gallardete con la divisa de Duquesne: Libertas sine licentia (Libertad sin libertinaje).

PIE DE FOTO: Litografía coloreada de Leguatia gigantea, según una pintura de Frederick Frohawk destinada al libro sobre aves extinguidas publicado por Lord Rothschild en 1907.
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