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¿Quién asegura su futuro?

Redescubiertas nutrias gigantes del Amazonas en Bolivia

miércoles 22 de octubre de 2014, 11:53h
Redescubiertas
 nutrias gigantes 
del Amazonas en Bolivia
Cuando evocamos la Amazonia surgen imágenes de jaguares, tapires, arpías,
delfines de agua dulce, anacondas... La gran fauna de este inmenso espacio
bañado por el río más caudaloso del planeta. Sin embargo, ¿quién se acuerda
de la nutria gigante del Amazonas? Se diría que, al estar en grave peligro de
extinción, también corre el riesgo de desaparecer de nuestra memoria colectiva.
Cuando fue descrita por Gmelin en 1758, la nutria gigante del Amazonas (Pteronura brasiliensis) ocupaba la mayor parte de los sistemas acuáticos de Suramérica, desde el sur de Venezuela y Colombia hasta el norte de Argentina, pasando por los actuales territorios de Guyana Francesa, Guayana, Ecuador, Perú, Bolivia, Brasil y Uruguay. Es decir, su área de distribución abarcaba casi toda la cuenca amazónica y parte de la del Plata. Sin embargo, en la actualidad ha desaparecido de Uruguay y mantiene poblaciones relictas en Colombia y Ecuador, mientras que las de Perú y Brasil se encuentran muy diezmadas.

En cuanto a Bolivia, las londras, como se denomina localmente a la especie, desaparecieron entre los años cincuenta y sesenta del siglo pasado debido a la caza indiscriminada. De hecho, la nutria gigante se había dado por extinta en este país hasta hace poco tiempo. Sin embargo, en los últimos cinco años hemos asistido a uno de los acontecimientos que más pueden alegrar a los amantes de la naturaleza: la londra no sólo no se ha extinguido, sino que registra un lento pero constante incremento, tanto en el número de familias como respecto a su área de distribución, dentro del Parque Departamento y Área Natural de Manejo Integrado Iténez (PDANMI Iténez), situado en el departamento del Beni, al noreste de Bolivia. El afortunado descubrimiento se debe a la Asociación Boliviana de Conservación (ABC), que desde hace siete años trabaja en favor de esta especie y sus hábitats. La sorpresa fue mayúscula incluso para los propios habitantes de dicho espacio protegido, que llevaban dos décadas sin ver londras en sus ríos.
¿Qué estaba ocurriendo? Todo parece indicar que, durante los años de persecución, algunos grupos de nutria gigante pudieron refugiarse en lugares alejados y poco accesibles. Tras ser incluida en las listas del Cites, tratado internacional que regula el tráfico de especies protegidas, y prohibirse su comercio, la londra inició un proceso de recuperación natural, reforzado por el establecimiento de nuevas áreas protegidas allí donde sus hábitats permanecían en buen estado.
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