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La ciencia contribuye al desarrollo de nuevos planes de gestión forestal

No es necesario fumigar los pinares para controlar a la procesionaria

Texto: Luis Cayuela, José Antonio Hódar y Regino Zamora. Fotos: José Antonio Hódar.

miércoles 22 de octubre de 2014, 11:53h
Nido de procesionaria en el ápice de una rama de pino, la posición más expuesta al sol. De esta manera la temperatura interior será alta y permitirá a las orugas sobrevivir a los rigores del invierno.
Nido de procesionaria en el ápice de una rama de pino, la posición más expuesta al sol. De esta manera la temperatura interior será alta y permitirá a las orugas sobrevivir a los rigores del invierno.
Una de las investigaciones más recientes de la Universidad de Granada consiste en averiguar hasta qué punto son eficaces las fumigaciones aéreas para controlar las explosiones demográficas de la procesionaria del pino. Los resultados demuestran que hay una regulación natural de las poblaciones de esta oruga que viene a ser equivalente a la que se consigue mediante las fumigaciones aéreas. A pesar de su escasa utilidad, cada año se siguen fumigando en España miles de hectáreas de bosque, lo que representa una importante inversión económica.
La procesionaria del pino (Thaumetopoea pityocampa) es un lepidóptero típico de la región Mediterránea que se distribuye por los pinares de todos los países ribereños, además de Portugal, Alemania, Suiza, Hungría y Bulgaria. De hecho, se trata de una especie en un proceso de expansión muy acentuado (1, 2). En España puede localizarse en toda la Península, así como en las islas Baleares, y ha llegado a convertirse en una plaga común de nuestros pinares. El daño más característico que produce es la defoliación, la cual generalmente no mata al árbol, pero sí puede debilitarlo y facilitar el ataque de otros enemigos, ya sean insectos u hongos. Además, como es sabido, las orugas de la procesionaria tienen unos pelos urticantes que dispersan cuando son molestadas, lo que produce en el hombre irritación de la piel y las mucosas.

La mariposa de la procesionaria se aparea en verano. La hembra pone sus huevos sobre las copas de los árboles y 30 ó 40 días después nacen las orugas, generalmente en los meses de agosto y septiembre, que construyen sus nidos sobre las ramas y pasan el invierno en ellos. Entre febrero y abril descienden al suelo, forman las características filas indias –de ahí su nombre común de “procesionaria”– y se entierran finalmente en el suelo, donde pasan a la fase de crisálida. En verano las crisálidas eclosionan y surgen las mariposas, que se aparean y reinician de nuevo el ciclo (Cuadro 1). Durante el invierno, las orugas se alimentan de las hojas de los pinos en los que construyen sus nidos y esa es precisamente la causa de la defoliación.

Al igual que muchas otras especies de insectos, la procesionaria registra explosiones demográficas (3). Pero, en este caso, se trata de ciclos de varios años y parecen estar relacionados con la alternancia de inviernos fríos y cálidos, típica del clima mediterráneo (4).

Lucha contra la procesionaria
Existen diferentes formas de combatir a la procesionaria. Cuando su incidencia está muy localizada, pueden eliminarse los bolsones cortándolos uno a uno o dispararles con cartuchos de perdigones cuando están situados a una altura inaccesible. También cabe la posibilidad de instalar trampas con feromonas sexuales para atraer a los machos, con lo que se evita la fecundación de las hembras. Otra alternativa son los insecticidas biológicos o químicos, que se aplican por medio de pulverizadores de mochila o cañones emplazados en camiones, por lo que su distribución queda relegada, en este último caso, a los caminos y pistas forestales.

Cuando el daño causado por la procesionaria se extiende a uno o varios rodales, estos tratamientos de alcance local resultan insuficientes. En tal caso, la técnica más frecuente para combatir a la procesionaria son las fumigaciones aéreas con insecticidas. En Andalucía este tipo de tratamientos constituyen más del 90% del total de los aplicados, una proporción que en mayor o menor medida se repite en otras comunidades autónomas.

Dirección de contacto: Luis Cayuela • Área de Biodiversidad y Conservación • Universidad Rey Juan Carlos (Departamental 1 DI. 231) • c/ Tulipán, s/n • 28933 Móstoles • Madrid • Correo electrónico: cayuela@urjc.es >luis.cayuela@urjc.es.

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Ref. 5301210 / 3’90 €
• El cambio global y la alteración de las interacciones ecológicas: pino viejo no aguanta plaga nueva. J.A. Hódar, R. Zamora y J. Castro.

Quercus 149 (julio 1998)
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• Distribución del críalo según la abundancia de procesionaria del pino. Julián Hoyas y Fernando López.

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• La procesionaria del pino y sus defensas urticantes. Tomás Pérez y José Manuel Tierno.
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    Últimos comentarios de los lectores (2)

    10352 | Cristina - 12/01/2019 @ 17:20:22 (GMT+1)
    Hola, tengo orugas en mi jardín y estoy buscando soluciones a lo que me encuentro un titular que pone que no hace falta fumigar, me leo toda la parrafada para ver qué más soluciones hay y me encuentro con información muy interesante sobre ellas pero nada que ver cn el titular.. no entiendo que tiene k ver todo lo que explican cn el titular de que no hace falta fumigar, entonces que? Que hacemos? Gracias
    10070 | Encarna - 04/03/2013 @ 13:12:40 (GMT+1)
    Comprendo lo de la explosión demográfica y el ciclo, pero ¿qué tiene que ver con la afirmación de que no es preciso fumigar? El año pasado y el anterior tuve que matar miles y miles (no exagero en absoluto) de orugas en mi rampa de acceso a casa, lo cual para mí es un suplicio por problemas físicos. Son un riesgo para mis mascotas y para el sistema inmunológico. Este año ya veremos, estoy obsesionada. ¿Qué hacer?

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