Editorial

Desayuno con la ministra

Miércoles 22 de octubre de 2014
Tras casi medio año como ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona pensó que era el momento de dar a conocer sus planes al gremio de los periodistas ambientales, la mayoría adscritos hoy en día a la asociación profesional APIA. Para ello, nos convocó el pasado 13 de septiembre a un desayuno de trabajo en su ministerio. Durante el encuentro, de casi dos horas, la ministra quiso convencernos de que está decidida a hacer las cosas mejor que sus antecesores en el cargo. Más le vale, dada la enorme magnitud de los retos a los que se enfrenta.

Narbona se dedicó a repasar lo que van a ser sus tareas, de las que destacamos algunas: cumplimiento de las obligaciones del Protocolo de Kioto y apuesta por las energías alternativas, giro radical en la política de aguas y modernización de las confederaciones hidrográficas, más límites legales sobre cambios de uso del suelo en zonas incenciadas, no a las obras públicas que destruyan el litoral y sí a una ley de responsabilidad civil que garantice la restauración de los impactos ambientales causados.

Por falta de tiempo, o quizás cuestión de prioridades, la ministra no fue tan explícita en lo que se refiere a conservación de la naturaleza. Dio, eso sí, un par de pistas interesantes, como la de que iba a preocuparse más de mejorar la gestión compartida entre Estado y comunidades autónomas para los parques nacionales, modelo por el que apuesta decididamente, y no tanto de ampliar la red de estas áreas protegidas. También anunció que rescatará del olvido la Estrategia Española de Biodiversidad, para actualizarla y presentarla al Consejo de Ministros, con vistas a que sea aprobada como Dios manda y se convierta en algo más vinculante que una simple declaración de intenciones.

Hubo asuntos ineludibles por los que sin embargo pasó de puntillas o ni siquiera aludió, como el de los cebos envenenados, con una estrategia estatal en trámite, o el del impacto de los tendidos eléctricos, a la espera de un decreto desde hace años que no acaba de aprobarse. Al lince ibérico sólo se refirió cuando fue preguntada por ello, para venir a decir que la cosa iba por buen camino. Esperemos que así sea, ya que corre el riesgo de ser recordada como la ministra bajo cuyo mandato la salvación de nuestro pequeño tigre se convirtió en misión imposible.