Cuaderno de campo

Visita a Formigal para ver cómo destruyen el Pirineo

Miércoles 22 de octubre de 2014
Invitados por la plataforma ciudadana que defiende las montañas de Aragón,
un variopinto grupo de personas subimos al Pirineo para ver las obras de
ampliación de la estación de esquí de Formigal. Lo que allí nos encontramos fue un paisaje apocalíptico de zanjas, taludes, escombros y excavadoras,
entre nubes de polvo levantadas por el continuo trasiego de camiones,
sobre lo que debió ser un hermoso valle de alta montaña.


Han pasado cincuenta años desde la primera vez que viajó al Pirineo. Desde entonces, el catedrático Eduardo Martínez de Pisón, algo así como el Jacques Cousteau de las montañas, no ha dejado de visitar estas cumbres para estudiarlas o disfrutar de la belleza y la monumentalidad que exhiben. Pero en los últimos tiempos le toca partirse el pecho por ellas, así están las cosas de mal.

Hoy por ejemplo, 20 de septiembre de 2004, el geógrafo y ecologista Martínez de Pisón nos acompaña en un recorrido en el que remontaremos el valle de Tena, vertebrado por el río Gállego, y alcanzaremos la frontera con Francia. Ocupamos el autobús un nutrido grupo de invitados, que incluye periodistas, políticos, sindicalistas, técnicos y científicos. Nos ha convocado la Plataforma en Defensa de las Montañas de Aragón, la coordinadora ciudadana que pretende –y en cierto modo ha conseguido, a pesar de que el tiempo corre en su contra– crear un debate social y político sobre el futuro de Pirineos.

El objetivo es que veamos sobre el terreno las obras de ampliación de la estación de esquí de Formigal, como muestra de lo que no se merecen las montañas aragonesas. Hemos salido a primera hora de la mañana de Zaragoza capital y, tras dejar atrás la ciudad de Huesca, rebasamos el puerto de Monrepós. Micrófono en mano, el sabio Martínez de Pisón nos deslumbra con descripciones precisas y altamente sugerentes sobre la geomorfología y la ecología de lo que vamos viendo sucederse por nuestras ventanas.