Comportamiento animal

Adaptarse, moverse o perecer

Las especies en los límites de su área de distribución

Por Juli Broggi

Miércoles 22 de octubre de 2014
Las poblaciones situadas en los límites del área de distribución de una especie están sometidas a presiones selectivas que no actúan en otras zonas más favorables. Por eso, las poblaciones marginales son dinámicas y se debaten entre desarrollar adaptaciones locales o sumarse al efecto unificador del intercambio con
ejemplares procedentes del núcleo principal.


La reacción de las especies a los cambios climáticos, o a la colonización de nuevas áreas, es una cuestión crítica en los tiempos que corren. Los organismos se hallan distribuidos allí donde encuentran unas condiciones ecológicas óptimas y, cuando dichas condiciones cambian demasiado, llega un momento en que no pueden subsistir y desaparecen. También sabemos que el área de distribución cambia con el tiempo y que, hasta cierto punto, las especies son capaces de adaptarse a las nuevas condiciones climáticas. Entender qué procesos microevolutivos determinan dichos límites y cómo varían en el tiempo, puede permitirnos vaticinar la respuesta de los organismos a futuros cambios ambientales.

En general, los organismos se distribuyen por un ámbito espacial restringido, de manera que pueden encontrarse en ciertos sitios pero no en otros. La ausencia de una especie en un lugar determinado puede deberse a razones históricas, es decir, quizá nunca estuvo allí, tal vez no pudo llegar tan lejos o simplemente sus poblaciones son incapaces de subsistir en ese entorno.

Los límites del área de distribución vienen determinados por cambios en uno o, más frecuentemente, varios factores, que caracterizan a cada especie y a los cuales estará óptimamente adaptada. En teoría, allí donde se reúnan dichos atributos podríamos encontrarla, pero en la práctica muchas de ellas se distribuyen de forma más restringida debido, por ejemplo, a la competencia con otras especies, a las ya mencionadas razones históricas o a causas relacionadas con las actividades humanas (1). Entre la multitud de variables que pueden determinar la presencia o la ausencia de una especie en un sitio determinado nos centraremos, para simplificar, en los límites establecidos por razones ambientales.

La naturaleza cambiante del clima hace que los organismos tengan que adaptarse a las nuevas condiciones, ajusten su área de distribución al hábitat favorable o se extingan. A menudo, el cambio adaptativo para sobrevivir en las nuevas condiciones es la única alternativa, siempre dentro de un margen determinado por el diseño del organismo. Pero a veces la especialización llega a tal extremo que rebasa la limitada capacidad de adaptación de las especies a esas nuevas situaciones (2).

No obstante, las especies evolucionan y pueden adaptarse a condiciones cambiantes, al menos a largo plazo. Si no fuera así, no habría vida sobre la Tierra. Del mismo modo, dentro de una misma especie ampliamente distribuida, puede ocurrir que distintas poblaciones se enfrenten a condiciones ecológicas muy distintas, a las que deben adaptarse localmente si quieren persistir, y este proceso puede darse a escalas espaciales sorprendentemente pequeñas (3, 4). Pero todo esto tiene un límite, ya que, para que dichas poblaciones se sigan considerando como pertenecientes a una misma especie, el intercambio genético debe mantenerse o ser reciente. Lo cual condiciona la capacidad de adaptación local de las poblaciones periféricas y determina, de algún modo, que sean limítrofes.