Opinión

Ecos de la historia

TRIBUNA por Juan G. Fernández

Miércoles 22 de octubre de 2014
En su trabajo, los botánicos recurren a las citas de plantas recopiladas a lo largo de la historia por científicos y naturalistas. Pero no son raros los casos en los que, por ejemplo, han desaparecido o han sido destruidas las poblaciones que dieron lugar a que se citase una especie nueva. Para que esta información sea útil de cara a conocer y conservar la biodiversidad vegetal, necesita ser confirmada y actualizada.

Si de algo puede presumir la ciencia botánica es de su sistema de documentación. Muchos siglos antes de los modernos sistemas de bases de datos, los naturalistas ya fichaban los especímenes que recolectaban. Normalmente, estas fichas consistían en pequeñas descripciones en latín del ejemplar, incluyendo por lo general un apartado relativo a su uso.

Sin embargo, no fue hasta la segunda mitad del siglo XVII cuando se elaboraron las primeras Floras (la primera se considera la Flora sinensis, del polaco Michal Boym, editada en 1656). A partir de entonces este tipo de obras fue cada vez más numeroso, de manera que acumuló una gran cantidad de datos sobre los rangos de distribución de las especies. Toda esta valiosa e inmensurable información permanece aún intacta, en la mayoría de los casos, en las colecciones de herbarios distribuidas por todo el mundo y en las obras de referencia que duermen a la espera de ser consultadas.