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¿Qué daña a nuestra fauna?

Una escena de la llamada “caza a rabo”, modalidad poco agresiva para la fauna. La caza ha dejado de ser una necesidad vital para convertirse en mera afición, casi un lujo (foto: Pedro Jorge Henriques / Shutterstock).

Quercus 30 AÑOS Un estudio basado en los contenidos de Quercus

Por Miguel Berdugo, Laura Gutiérrez, Ángela Lafuente, Alvaro Mañas, Alejandro Martínez-Abraín y José Manuel de Miguel

Miércoles 22 de octubre de 2014
Hemos analizado los contenidos de 215 números de la revista Quercus, publicados entre los años 1982 y 2009, para averiguar cómo ha influido la persecución directa y la construcción de infraestructuras en la fauna vertebrada ibérica. A lo largo de este periodo se aprecia un cambio de tendencia en el que destacan el rápido aumento de los parques eólicos y el repunte de los cebos envenenados.

Durante miles de años la caza ha representado una de las causas principales de alteración numérica de las poblaciones animales. En las sociedades cazadoras-recolectoras constituye un pilar para la supervivencia y su impacto biológico no debería ser minusvalorado. En algunos estudios, la actividad cazadora de ciertas comunidades humanas paleolíticas se ha vinculado con la puntilla final a especies pertenecientes a la megafauna del Pleistoceno, en el marco de un clima cambiante (1). Durante el Neolítico, coexistiendo con la domesticación de plantas y animales, la presión sobre la fauna silvestre posiblemente aumentaría por el incremento de la densidad y la dispersión geográfica de la población humana. Aún en la actualidad, la persecución deliberada de la fauna sigue siendo un factor de enorme importancia en muchos rincones del mundo. Numerosos países en desarrollo basan la ingesta de proteínas en la captura de animales silvestres, mientras que en los más industrializados la caza se ha convertido en una actividad lúdica, ajena a necesidades alimentarias, que es practicada por millones de personas y genera grandes beneficios económicos.

Conviene recordar que hasta hace sólo unas décadas la sociedad española era eminentemente rural. La caza, el furtivismo y la pérdida de hábitat en beneficio de la agricultura –expresada espacialmente en grandes superficies– constituían los principales factores de impacto sobre las poblaciones biológicas. Pero la Revolución Industrial, especialmente durante su segunda fase en el siglo XIX, significaría un cambio sustancial. La capacidad de transporte y de uso masivo de la energía por parte del hombre propició un nuevo escenario de cambios ambientales. Entre ellos, la implantación de una trama densa y compleja de estructuras e infraestructuras humanas, que se superpuso a la red de conectividad natural del territorio aumentando exponencialmente su fragmentación.

Lejos de representar una trama inerte, el territorio debe reconocerse como un tejido vivo por el que discurren procesos de muy diferente naturaleza, dirección e intensidad (2). Flujos de agua, viento, nutrientes, organismos y propágulos explican en parte, a modo de una fisiología del paisaje, la estructura de las comunidades biológicas y el mantenimiento de muchos valores naturales que la sociedad desea conservar. La interrupción de esta trama natural por carreteras, ferrocarriles, canales, redes de alta tensión, aerogeneradores, industrias y núcleos urbanos, entre otras muchas estructuras humanas, afecta a la esencia misma del funcionamiento de los sistemas naturales y consecuentemente a la persistencia de las poblaciones biológicas.

La fauna ha sido una de las grandes afectadas por la fragmentación del territorio. La tupida red de infraestructuras genera un daño espacialmente difuso, generalista y pasivo sobre la conectividad animal, diferente de la persecución dirigida llevada a cabo por la caza, ya sea mediante disparos, venenos o trampas (selectiva, concentrada y activa). Los registros de miles de animales muertos o heridos por el tráfico rodado (3), líneas de alta tensión, contaminación urbana o industrial y aerogeneradores, destacan la envergadura del problema. En este contexto, cabe pensar que el paisaje resultante de la Revolución Industrial puede estar imponiéndose a la caza como principal factor de daño a la fauna silvestre. Algunas publicaciones recientes apuntan en esta dirección. Los resultados de un estudio realizado en un centro de recuperación de fauna muestran el progresivo protagonismo de las infraestructuras frente a la caza como causa principal de daños a las aves en la Comunidad Valenciana (4). Este fenómeno podría ser general en el conjunto de la fauna vertebrada española o en la de otros países con similar modelo socioeconómico. Para comprobarlo, hemos analizado los registros de daños a la fauna aparecidos en la revista Quercus a lo largo de casi toda su vida editorial. No es la primera vez que los trabajos de esta revista son objeto de un análisis sistemático (5, 6), aunque con objetivos diferentes.

Más de doscientas revistas analizadas
Somos conscientes de que los registros de una colección editorial pueden no ser fielmente representativos de la realidad ambiental que se desea analizar. Es evidente que partimos de un universo de sucesos sometido a numerosos filtros y sesgos hasta que es publicado y censado por nosotros. Sin embargo, lo mismo ocurre con otros estudios alternativos, como los realizados en los centros de recuperación de fauna, donde sólo llegan individuos heridos o en cautividad que han sido decomisados o entregados por personas sensibilizadas. Por otra parte, no se dispone en España de datos estadísticos sistemáticos de daños a la fauna a lo largo de un periodo tan amplio como el abarcado por una revista de tan antigua aparición como Quercus, con tres décadas a sus espaldas. Su análisis permite aprovechar el esfuerzo de innumerables personas, equipos e instituciones que durante años han considerado útil publicar sus anotaciones, experiencias de campo o trabajos científicos para su divulgación social. A esto se añaden otras ventajas, como la posibilidad de ampliar el área de estudio a toda la geografía española, incluir un conjunto amplio de grupos taxonómicos (todos los vertebrados terrestres en lugar de sólo las aves) y analizar cualquier tipo de daño ocasionado a los individuos, ya sea la muerte, lesión física o una simple alteración de su comportamiento habitual. En cualquier caso, hemos interpretado los resultados con prudencia, centrándonos en la identificación de tendencias generales o patrones relativos de variación temporal de cada factor y evitando en lo posible conclusiones absolutas.

Así pues, revisamos 215 cuadernos de Quercus publicados entre 1982 y 2009. En concreto, seleccionamos todos los artículos y notas –registros– en los que se hace mención expresa a daños constatables a individuos o a poblaciones de vertebrados terrestres. Sólo se consideraron los eventos acontecidos en la geografía española. Obtuvimos así 1.960 registros, de los cuales 889 han sido los considerados en este trabajo al corresponder a daños a individuos concretos. Cada registro fue caracterizado mediante un conjunto amplio de variables referidas a la identificación de la revista analizada, a la causa general del daño (caza, infraestructuras u otras), al grupo taxonómico del individuo afectado (mamíferos, aves, reptiles y anfibios), a la especie cuando esto era posible y al tipo de daño ocasionado (muerte, lesión física o molestia al comportamiento). Entre las causas de daño se especificaron varias referidas a las actividades de caza (disparo, trampeo, veneno y vallado cinegético) y a las infraestructuras (redes viarias y canales, aerogeneradores, tendidos eléctricos, edificios y contaminación ligada a cualquiera de ellas).

Infraestructuras y venenos
El número de registros de daños a individuos por actividades cinegéticas no muestra una tendencia temporal clara de aumento o disminución (Cuadro 1). Sin embargo, los daños registrados por infraestructuras sí manifiestan un aumento progresivo, estadísticamente significativo, a lo largo del periodo contemplado. En la década de los ochenta, la revista Quercus reflejaba un claro protagonismo de la caza como causa principal de daño a los vertebrados terrestres. Con el tiempo, este protagonismo prácticamente se ha igualado con el de las infraestructuras (Cuadro 2).

La explicación del patrón constante de la caza se encuentra en una respuesta diferencial de las distintas actividades cinegéticas analizadas en el estudio (Cuadro 3). Si nos centramos en los daños por disparos, observamos que su porcentaje respecto al total de registros de caza tiende a disminuir con el tiempo, de forma paralela a la pérdida progresiva de licencias en España: más de 500.000 menos en los últimos veinte años. Sin embargo, el impacto positivo de esta disminución se ve compensado por un incremento sustantivo de los daños causados por la administración de venenos. Este patrón también se observa al analizar el número absoluto de registros de ambas actividades. Es difícil interpretar las causas de dicho resultado, pero es posible que, paradójicamente, sea consecuencia indirecta de los esfuerzos de conservación realizados en nuestro país durante las últimas décadas. La implantación de nuevas y más estrictas medidas de protección podrían haber favorecido la recuperación de poblaciones de varias especies de vertebrados terrestres (en especial aves y algunos mamíferos mesodepredadores) y, como consecuencia de ello, habría vuelto a resurgir el uso ilegal del veneno, como se ha constatado en algunos trabajos recientes (7). En nuestro caso, un 47’5% de los registros de daños directos a las aves por actividades relacionadas con la caza están vinculados a eventos de envenenamiento: rapaces, carroñeras, cigüeñas y algunas especies esteparias son las más afectadas. En el caso de mamíferos, reptiles y anfibios, este porcentaje es siempre inferior al 28%. Otras hipótesis alternativas y no mutuamente excluyentes son posibles. La intensificación agrícola y el progresivo abandono de muchas áreas rurales podrían explicar también el incremento del uso de venenos. En el primer caso para controlar plagas agrícolas y en el segundo para hacer lo propio con algunas poblaciones animales que se han visto favorecidas por el avance del matorral sobre antiguos pastos y cultivos.

En el conjunto de los registros muestreados, los mamíferos se ven estadísticamente más afectados por la caza que por las infraestructuras. Más del 60% de los daños a mamíferos son derivados de la caza. En concreto, por disparos y trampeo, que suman el 88% de dichos daños. Los anfibios muestran una mayor afectación por infraestructuras (especialmente por redes viarias), las cuales explican el 80% de todos los daños a este grupo. En aves y reptiles no se observa ninguna causa general dominante de afección. Entre las aves, los venenos, aerogeneradores y tendidos eléctricos son los principales factores de daño. La muerte del individuo es la consecuencia más frecuente, alcanzando el 85% y 88% de los registros de caza e infraestructuras, respectivamente.

Proliferación de parques eólicos
En términos absolutos, las redes viarias, los aerogeneradores y las construcciones son las infraestructuras que favorecen mayores aumentos en los registros durante el periodo contemplado. Sin embargo, su importancia relativa arroja un resultado muy diferente (Cuadro 4). En las últimas décadas, los daños provocados por aerogeneradores se incrementaron a una tasa superior que los causados por redes viarias y tendidos eléctricos. Este resultado refleja los efectos de la proliferación reciente de parques eólicos en la geografía española. No existe ningún registro vinculado a aerogeneradores antes de 1994, pero en el año 2008 su porcentaje llegó a superar el 20% de todos los daños por infraestructuras recogidos en la revista Quercus. El resultado denota la especial relevancia que cobran ya los parques eólicos en el contexto de la alteración de la fauna vertebrada de nuestro país.

En resumen, estos resultados apoyan nuestra hipótesis y coinciden con los trabajos que analizan las causas de admisión de aves en centros de recuperación de fauna (4). La progresiva importancia de las infraestructuras como factor responsable de daños a animales se manifiesta en nuestro caso como una tendencia general en el conjunto de la fauna vertebrada española. Las medidas adoptadas para minimizar los impactos ambientales ocasionados por redes viarias y aerogeneradores no parecen frenar los efectos negativos derivados de su mayor ocupación territorial.

Las actividades cinegéticas siguen siendo una causa importante de afección, especialmente entre los mamíferos, aunque se mantienen en conjunto dentro de unos límites más o menos constantes, como también se ha observado recientemente en el caso de las aves rapaces de Cataluña (8). Sin embargo, el análisis de los contenidos de la revista Quercus refleja un incremento relativo del uso de venenos, dato que debería ser tenido muy en cuenta en las políticas de vigilancia y protección ambiental, particularmente en lo que se refiere a las aves. En este sentido, las actuales iniciativas de lucha contra el veneno (como el programa Antídoto) son actividades sumamente acertadas y necesarias que deberían contar con el apoyo incondicional de las Administraciones Públicas.

Desde aquí deseamos que el trigésimo aniversario de Quercus sirva para hacer hincapié en la necesidad de poner fin a este repunte del uso ilegal del veneno en nuestros campos, algo que creíamos extinguido desde los malos tiempos de la estricnina.

Bibliografía
(1) Schuster, S. y Schüle, W. (2000). Anthropogenic causes, mechanism and effects of Upper Pliocene and Quaternary extinctions of large vertebrates. Oxford Journal of Archaeology, 19: 223-239.
(2) Díaz Pineda, F. y Schmitz, M.F. (coords.) (2011). Conectividad ecológica territorial. Estudio de casos de conectividad ecológica y socioeconómica. Organismo Autónomo Parques Nacionales. Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino. Madrid.
(3) PMVC (2003). Mortalidad de vertebrados en carreteras. Proyecto provisional de seguimiento de la mortalidad de vertebrados en carreteras (PMVC). Sociedad para la Conservación de los Vertebrados (SCV). Madrid (Documento Técnico de Conservación, 4; disponible en CD-Rom).
(4) Martínez-Abraín, A. y otros autores (2009). Is the historical war against wildlife over in southern Europe? Animal Conservation, 12: 204-208.
(5) Herrera, C.M. (1989). Las portadas de Quercus. Quercus, 39: 35-39.
(6) Sastre, B. y otros autores (2004). Análisis de contenidos de la revista Quercus. Quercus, 226: 56-60.
(7) Oro, D. y otros autores (2008). Testing the goodness of supplementary feeding to enhance population viability in an endangered vulture. PLoS ONE, 3 (12): e4084. doi:10.1371/journal.pone.0004084.
(8) Molina-López, R.A. y otros autores. (2011). Causes of morbidity in wild raptor populations admitted at a wildlife rehabilitation centre in Spain from 1995-2007: a long term retrospective study. PLoS ONE, 6: e24603.

Autores
Este estudio ha sido llevado a cabo como una actividad complementaria de la asignatura Ecología de los Recursos Naturales que se imparte en la Facultad de Biología de la Universidad Complutense de Madrid (UCM).

Laura Gutiérrez Toledano, Ángela Lafuente García Ubero, Álvaro Mañas Jiménez y Miguel Berdugo Vega han sido estudiantes en dicha facultad y actualmente desarrollan su actividad profesional en diferentes centros de trabajo. Alejandro Martínez Abraín ha sido investigador del programa para doctores de la Junta de Ampliación de Estudios en el Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (Imedea), un centro dependiente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y de la Universidad de las Islas Baleares (UIB) con sede en Mallorca, y actualmente es investigador posdoctoral en la Universidad de La Coruña a través del programa Parga-Pondal. José Manuel de Miguel Garcinuño es profesor titular de Ecología en la Universidad Complutense de Madrid.

Dirección de contacto: José Manuel de Miguel • Departamento de Ecología • Facultad de Biología • Universidad Complutense de Madrid • c/ José Antonio Nováis, s/n • 28040 Madrid • Correo electrónico: demiguel@bio.ucm.es.

Agradecimientos
Expresamos nuestro agradecimiento y felicitación a los trabajadores que han contribuido a la edición de la revista Quercus a lo largo de sus treinta años de vida. Y a los autores que, con sus notas, comentarios y artículos sobre la fauna española, han permitido elaborar este trabajo de síntesis.

Pie de foto:Una escena de la llamada “caza a rabo”, modalidad poco agresiva para la fauna. La caza ha dejado de ser una necesidad vital para convertirse en mera afición, casi un lujo (foto: Pedro Jorge Henriques / Shutterstock).

Hemeroteca
Quercus 226 (diciembre 2004)
Ref. 5301226 / 3’90
• Análisis de contenidos de la revista Quercus. Blanca Sastre y otros autores.

Quercus 190 (diciembre 2001)
Ref. 5301190 / 3’90
• Conflictos en los montes españoles durante los últimos veinte años: la política forestal a través de las páginas de Quercus. Paloma Colmenarejo y otros autores.

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