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Cigüeñuela negra: el limícola más escaso del mundo

Una de las cigüeñuelas negras recluidas en el centro de cría en cautividad de la especie, situado en las cercanías de Twizel (foto: Pedro J. Menéndez).

LA POBLACIÓN ACTUAL SE CIFRA EN MENOS DE CIEN ADULTOS REPRODUCTORES

Miércoles 22 de octubre de 2014
Tras una primera entrega sobre la fauna de aves neozelandesa, publicada en la revista de agosto, completamos el bloque dedicado a nuestras antípodas con un artículo sobre la cigüeñuela negra, que pasa por ser el limícola más escaso y amenazado del mundo. Una especie adaptada a los ríos y lagos alpinos
de la isla Sur, de clima más frío y riguroso que la isla Norte.

Texto: Arturo Valledor de Lozoya.


El último censo de esta especie, correspondiente a febrero de 2010, arrojaba menos de un centenar de ejemplares adultos, incluidos los que viven en cautividad. Por tanto, la cigüeñuela negra (Himantopus novaezelandiae), black stilt para los neozelandeses de habla inglesa, kaki en lengua maorí, tiene el triste honor de ser el limícola más escaso del mundo. A menos que el supuestamente extinto zarapito fino (Numenius tenuirostris) depare alguna sorpresa.

Además, la cigüeñuela negra es la única de las siete especies que integran la familia Recurvirostridae (cigüeñuelas y avocetas) que, lejos de mantener poblaciones abundantes y relativamente seguras como las demás, está amenazada de extinción. De hecho son más las personas que han escalado el Everest que las que han visto una cigüeñuela negra y menos del 1% de los neozelandeses lo han hecho. Es probable que de no tratarse de un ave endémica de Nueva Zelanda ya se hubiera extinguido, pero, tras haber perdido muchas especies autóctonas de aves, casi sesenta desde el siglo XV, dicho país es uno de los que dedican más esfuerzo y dinero a conservar lo que queda de su naturaleza original, si no el que más.

El declinar de una especie
La cigüeñuela negra fue descrita por el naturalista inglés John Gould en 1841 a partir de un ejemplar cazado en Port Nicholson, en la isla Norte de Nueva Zelanda. Gould, excelente ilustrador de aves, la representó en su libro Birds of Australia junto a una cigüeñuela común o pía de la subespecie cabeciblanca (Himantopus himantopus leucocephalus). La cigüeñuela negra abundaba por aquel entonces en los ríos, lagos y humedales de las dos islas principales neozelandesas, pero no tardó en perder población y hábitat. Como en el caso de otras aves nativas, el motivo principal fue la introducción de mamíferos depredadores: ratas, erizos, gatos, zorros, hurones, armiños y comadrejas. A esta horda de especies exóticas llegadas de Europa se unieron los oposumes, importados de Australia para comerciar con su piel. Para que el lector se haga una idea de cómo se han extendido estos pequeños mamíferos nocturnos, sirva decir que, en un viaje de tres semanas por Nueva Zelanda, el autor de este artículo calcula haber visto no menos de trescientos atropellados, aparte de medio centenar de erizos, otros tantos conejos y algún hurón. Los colonos ingleses y escoceses del siglo XIX establecieron en 1861 una sociedad de aclimatación en Auckland a la que siguieron otras similares en Nelson, Otago y Canterbury. En seguimiento de las directrices de la primera institución de este tipo, fundada por Geoffroy de Saint Hilare en París en 1854, tales sociedades se dedicaban a importar toda clase de plantas y animales útiles. Algunos de estos animales, como los oposumes, fueron introducidos por su interés comercial: otros, como las tres antedichas especies de mustélidos, para combatir a los también introducidos conejos, que se habían convertido en plaga agrícola; y otros, como los erizos, por el simple motivo de que no había nada parecido en Nueva Zelanda. Los erizos, al igual que los hurones, constituyen la mayor amenaza para las cigüeñuelas negras, ya que devoran sus puestas. Los únicos depredadores nativos de estas aves son los halcones maoríes (Falco novaeseelandiae), en la actualidad bastante escasos. Huevos y pollos son depredados ocasionalmente por rascones weka (Gallirallus australis), gaviotas dominicanas y maoríes (Larus dominicanus y L. bulleri) y aguiluchos laguneros del Pacífico (Circus approximans). Aunque los aguiluchos son abundantes, la plaga de conejos que asola la zona donde viven las cigüeñuelas negras hace que dichos lagomorfos sean las principales presas de estas rapaces.

Por otra parte, los lugares tradicionales de nidificación de las cigüeñuelas negras quedaron afectados por la canalización de los ríos y el represamiento de sus caudales a fin de producir energía hidroeléctrica. Además, sus orillas fueron invadidas por varias especies de plantas introducidas, como lupinos de Suramérica y sauces, tojos y retamas procedentes de Europa. También se drenaron los humedales donde vivían las cigüeñuelas negras para cultivar las tierras. El resultado de todas esas alteraciones, sumadas a la presión de los depredadores, fue que hacia 1945 quedaban de quinientas a mil cigüeñuelas negras repartidas por un área todavía extensa de la isla Sur. En 1960 su número había descendido a menos de un centenar y en 1981 era de sólo 23.

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