Opinión

El desmán ibérico: apuntes para un obituario

Desmán ibérico capturado durante los trabajos de seguimiento del plan de gestión de la especie en Gipuzkoa.
Miércoles 22 de octubre de 2014
Aún con su condición de endemismo ibérico amenazado, el desmán parece tener los días contados. Las poblaciones de esta pequeña joya faunística de nuestros arroyos de montaña han ido desapareciendo en silencio, en paralelo a una incesante
destrucción de su hábitat. Esperemos que los proyectos lanzados
para salvarle no sean demasiado tardíos e insuficientes.

Jorge González Esteban (texto y fotos)
rasuba@gmail.com


Ser un topo que se alimenta en el agua es sin duda una solución original, que ha funcionado bien hasta la fecha, todo hay que decirlo. Sin embargo, de un tiempo a esta parte las cosas han cambiado mucho y muy rápido, demasiado para que nuestro protagonista pueda cambiar de costumbres. Son muchos años ya comiendo gusarapas y volver a una dieta de lombrices no va a ser posible. Y es que los ríos están diciendo adiós al desmán ibérico (Galemys pyrenaicus).

Tras millón y medio de años, toca despedirse. Por supuesto hablo en sentido figurado: el animalito aún no se ha enterado de que tiene los días contados. Hace ahora veinte años que los estudiosos españoles de esta especie reivindicaron su carácter peninsular, sustituyendo el chovinista apellido “de los Pirineos”, que su descubridor francés le había colocado sin tenernos en cuenta, por uno mucho más justo: “ibérico” le llamamos, como al jamón. Tras el cambio de nombre el desmán siguió su camino, discreto y voluntarioso, a sus piedras y a sus tricópteros.

Para ser sinceros, al desmán nunca le hemos hecho mucho caso. Pese a ser algo “muy nuestro”, o quizás por eso, ha pasado desapercibido. Cuando eres poco menos que un “ratón escurridizo” y la economía anda apretada, es difícil competir en cariño con el póquer de ases de la conservación española (lince, águila imperial, oso y quebrantahuesos).

Hace cuarenta años, cuando no le hacíamos caso a nada que no se pudiese cocinar, el desmán aún era abundante. Comenzaba ya el desarrollo urbano e industrial que iba a destruir gran parte de nuestros ríos, pero las citas de los años setenta y ochenta muestran una distribución amplia y una relativa facilidad para toparse accidentalmente con este animal: en trasmallos, nasas, piscifactorías, pesca eléctrica... Ya a principios de los años noventa se hizo el primer inventario nacional y los resultados fueron cuando menos sorprendentes: era posible confirmar su presencia en los lugares que considerábamos mejores, pero faltaba de muchos otros, al tiempo que las citas nuevas eran cada vez más escasas.

Esta tendencia negativa se confirmaría en la última década a través de distintos inventarios regionales (País Vasco, Extremadura, Galicia, Navarra, La Rioja), en los que prospecciones específicas y un gran esfuerzo de muestreo permitieron cuantificar inequívocamente un alarmante declive.

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