Observatorio

Peligra la mejor laguna para las gaviotas reidoras que crían en Madrid

Ejemplares de primer invierno de gaviota reidora posados en una barandilla metálica (foto: Carlos Talabante).
Miércoles 22 de octubre de 2014
Aunque es muy abundante en invierno, la gaviota reidora cuenta con una exigua población reproductora en la Comunidad de Madrid. Las no más de cuatro parejas actuales se asientan en un humedal desprotegido, la laguna de Meco, situado entre una autopista, una cárcel y un polígono industrial.

Por Carlos Talabante


De las ocho especies de gaviotas que crían en nuestro país, cinco han logrado incrementar su área de distribución reproductora. La gaviota reidora (Chroicocephalus ridibundus), por ejemplo, ha multiplicado su población nidificante más de 360 veces desde los años sesenta. Hoy cría habitualmente en la mayoría de los humedales costeros del este y el sur peninsular, siendo más rara hacia el interior. El aumento en el número de colonias ha venido dado principalmente por una mejora en la calidad de los lugares de cría, así como por una mayor disponibilidad de alimento cerca de estos enclaves, como vertederos e instalaciones de acuicultura.

En la Comunidad de Madrid, la gaviota reidora no se incorporó a la lista de aves reproductoras hasta finales del siglo pasado. Actualmente se encuentra en una situación muy precaria y son muchos los años en los que ni siquiera intenta la cría. La población reproductora madrileña parece estar íntimamente relacionada con la manchega, de manera que esta segunda funcionaría como donante de parejas.

Algunos precedentes
La primera cita de cría en Madrid se remonta a 1995, en Velilla de San Antonio. En este municipio se instalaron siete parejas en las denominadas Graveras de Pioneer, junto al río Jarama. El éxito reproductor de aquella pequeña colonia puede considerarse mediocre, ya que sólo tres parejas lograron sacar pollos adelante. Ese mismo año se produjo otro caso de cría en las graveras de Soto Pajares, dentro del término municipal de San Martín de la Vega. Allí se instalaron cuatro parejas, pero fracasaron todas ellas. En 1996 la especie volvió a criar en las graveras de Velilla; cuatro fueron las parejas que comenzaron a reproducirse, aunque todas ellas fracasaron debido a cambios en el nivel del agua y a competencia con la gaviota sombría (Larus fuscus).

Las citas de cría fueron haciéndose cada vez más escasas y no volvimos a tener noticias de ningún caso hasta bien entrado el presente siglo. No obstante, durante este periodo se produjo un intento fallido en 2010 en la laguna de Las Esteras, en Colmenar de Oreja.

Autor: Carlos Talabante Ramírez es biólogo de la Universidad de Alcalá, donde trabaja principalmente en el seguimiento de aves rapaces, esteparias y acuáticas.

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