Editorial

Los felices sesenta de la SEO

Sábado 29 de noviembre de 2014
Más vale reconocerlo desde el principio: no podemos ser objetivos. Tampoco es obligatorio en un artículo editorial, donde lo que se vierte es precisamente la opinión de la revista, pero nos pasa siempre que rendimos homenaje a personas, organizaciones e instituciones que nos resultan próximas. En esta ocasión se trata de la Sociedad Española de Ornitología, que ha cumplido 60 años –¡se dice pronto!– en 2014. Lo mismo nos pasó con la Estación Biológica de Doñana el pasado mes de septiembre, con motivo de su quincuagésimo aniversario. Cifras que empiezan a ser, más que respetables, históricas.

La Sociedad Española de Ornitología (SEO/BirdLife) es la más veterana de las organizaciones conservacionistas españolas. Empezó a fraguarse en un despacho universitario, se fundó en el salón de actos del Museo Nacional de Ciencias Naturales, donde también tuvo su sede, y hoy ocupa todo un edificio en el madrileño barrio de Vallecas. Cuenta, además, con diez delegaciones, 43 grupos locales y cuatro equipos de trabajo, entre ellos el Comité de Rarezas. Publica dos revistas, una científica, Ardeola, y otra divulgativa, Aves y Naturaleza, y damos fe de que el trabajo habitual de su gabinete de prensa es intenso. Ha reunido una de las mejores bibliotecas ornitológicas de este país, organiza viajes y salidas al campo, congresos, sesiones de anillamiento, ferias, actividades infantiles, concursos fotográficos… ¿Cómo lo hacen?

Desde luego, con el impulso inicial de cualquier colectivo, que es la pasión por aquello que les une. Pero hoy en día, siendo una condición imprescindible, ya no es suficiente. Para afrontar los retos de un mundo globalizado hace falta dotarse de una estructura casi empresarial, aunque sean multitud las empresas que funcionan bastante peor que muchas ONG. Es un proceso de maduración que lleva también a buscar alianzas, dentro y fuera de nuestras fronteras. Sólo así se puede tener el peso suficiente para sentarse a la mesa de un ministro, junto a WWF España, Ecologistas en Acción, Greenpeace y Amigos de la Tierra. O asistir a una reunión en Bruselas bajo el paraguas de BirdLife International. Si en conjunto ya es difícil vencer la tozudez y las inercias de nuestros responsables políticos, en solitario sería una quimera.

Tenemos un ejemplo cercano en el reciente debate sobre la nueva Ley de Parques Nacionales. Sin el crédito adquirido a lo largo de los años, ¿cómo podrían haberse tenido reuniones en el Senado para tratar de enmendar lo que era, y sigue siendo, una flagrante equivocación? Aquello que se vendió como un proyecto que iba a permitir al Estado tener un mayor protagonismo en la gestión de los parques nacionales, estrategia en la que siempre han estado de acuerdo las ONG, ha terminado por convertirse en una patente de corso para dejar a estas joyas de la corona en manos de mercachifles y organizadores de monterías. No lo han logrado, pero sí lo han intentado. Y, sobre todo, les asistía la razón. Los intereses que han prevalecido son espurios, benefician a una minoría y perjudican al bien común.

Ya lo dice Asunción Ruiz, directora ejecutiva de SEO/BirdLife, en una entrevista que publicamos en las páginas 25-28 de este mismo número de Quercus: “tenemos que hacer entender a los ciudadanos que conservar las aves es algo más que un capricho naturalista o animalista. Supone defender nuestra salud, nuestra calidad de vida… en definitiva, nuestro futuro.” Un empeño en el que, desde luego, vamos de la mano.

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