Faunia mundial

Ballena gris: el cetáceo errante

Un proyecto de Shell amenaza a los últimos cien ejemplares del Pacífico occidental

Miércoles 22 de octubre de 2014
Las ballenas grises, auténticas campeonas de las migraciones, fueron cazadas hasta la extinción en el Atlántico. Pero en el Pacífico oriental su población ha
podido ser recuperada y hoy en día es la base de un lucrativo turismo basado en
su observación en Baja California (México). Mucho peor van las cosas para la
población del Pacífico occidental, que con menos de cien ejemplares se enfrenta
a un futuro incierto, ante los planes de la multinacional Shell de convertir la isla
rusa de Sajalin en la mayor explotación planetaria de gas y petróleo.


Muy popular por ser uno de los grandes cetáceos que mejor tolera la proximidad de las barcas de turistas que se acercan a observar, la ballena gris (Eschrichtius robustus) es un animal eminentemente viajero. Al desplazarse entre las aguas cálidas donde cría en invierno y las zonas de alimentación del Ártico en verano, realiza un viaje circular anual de hasta veinte mil kilómetros, una colosal migración sólo equiparable a la realizada por otro cetáceo: la yubarta (Megaptera novaeangliae). No se tienen registros de su presencia histórica en el Hemisferio Sur y, aunque pudo vivir en todo el Hemisferio Norte, hace varios siglos que desapareció del océano Atlántico. Hoy sólo sobrevive en el Pacífico norte, donde los científicos han diferenciado dos poblaciones. La más boyante es el stock americano o del Pacífico noreste, que consta de unos veinte mil ejemplares que nadan en aguas de México, Estados Unidos, Rusia y Canadá. El stock asiático o del Pacífico noroeste, mucho más amenazado, mantiene a un escaso centenar de ejemplares, con tan sólo unas veinte hembras reproductoras. Habita en aguas de China, Japón, las dos Coreas y Rusia.