Opinión

Un tesoro natural y cultural amenazado, pero no olvidado

Vista exterior de la Bóveda Global de Semillas, en las islas Svalbard (Noruega). Foto: Miksu / Wikicommons.

Tribuna

Viernes 30 de septiembre de 2016

Las variedades tradicionales de las plantas cultivadas y sus parientes silvestres son objeto de toda una red de convenios, organismos y bancos de semillas que tratan de preservar un patrimonio natural y cultural tan disperso como amenazado.

Por Luis Ayerbe



He leído con gran interés el artículo “En busca de las plantas perdidas”, que firma Juan Carlos Guix en la sección “Tribuna” de Quercus 363 (mayo de 2016). La pregunta que lanza el autor –¿cómo salvar las variedades tradicionales de las plantas cultivadas que aún se conservan?– es muy legítima: los expertos estiman que se ha perdido el 70% de esos recursos originales.

Me agradaría poder contribuir a ampliar las respuestas que en ese artículo se dan con algunos datos que considero de gran transcendencia en relación con las actividades mundiales que velan por los llamados Recursos Fitogenéticos para la Agricultura y la Alimentación (RFAA).

En esta categoría se engloba el conjunto de las variedades tradicionales de las especies cultivadas, así como sus parientes silvestres. Su conservación y uso sostenible se aborda en el Tratado Internacional sobre los RFAA, que entró en vigor en 2004, siendo España uno de sus países firmantes. Fue precisamente un español, José Esquinas, desde su cargo de secretario de la Comisión de Recursos Genéticos de la FAO, el incansable promotor y líder del proceso que desembocó en la adopción de este tratado internacional.

Este contenido es un resumen / anticipo de una información cuyo texto completo se publica en la revista Quercus, tanto en su versión impresa como digital.


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