Editorial

Dos cumpleaños y un poquito de nostalgia

Domingo 30 de octubre de 2016

Parece mentira cómo pasa el tiempo. En este mes de noviembre, dos organizaciones bien conocidas por los lectores de Quercus celebran sus respectivos aniversarios. La Sociedad Española para la Conservación y Estudio de los Mamíferos (SECEM) cumple 25 años. Que no son nada… Comparados con los 40 de las distintas formaciones que desembocaron finalmente en Ecologistas en Acción. Cambió el nombre, sí, pero siguieron muchos de sus militantes y, sobre todo, mantuvo el compromiso de buscar fórmulas novedosas para armonizar la evolución cultural humana con el resto de la biosfera (dicho así, no parece haber objetivo más ambicioso). Primero fue la histórica Asociación de Estudios y Protección de la Naturaleza (Aepden) y luego la Asociación Ecologista de Defensa de la Naturaleza (Aedenat). A las que se unieron después muchos otros colectivos hasta formar una de las cinco grandes ONG ambientales de la actualidad en nuestro país. Aquella sede compartida de Madrid, en el número 13 de la calle Campomanes, debería conservarse como un museo de los primeros pasos del ecologismo en la España de la transición. Una puerta, por cierto, que también se abrió de forma decisiva para la revista Quercus.



Todos éramos bastante más jóvenes y mucho menos profesionales. Cada cual aportaba lo que podía, con un entusiasmo propio de la bisoñez y del momento histórico que vivíamos tras salir del largo túnel de la dictadura franquista. Fue entonces cuando se echaron los cimientos de lo que hoy vemos reflejado en las páginas de esta revista. En Aepden, sin ir más lejos, se editó un boletín llamado Encina que no pudo legalizarse porque la marca ya estaba registrada. ¿Una semilla, quizá, de este Quercus que está a punto de cumplir sus buenos 35 años? También por aquellas fechas empezaron a cosecharse las primeras victorias, tanto en la prensa como en los tribunales, y quizá contábamos con mayores y más frescas simpatías.

La SECEM, con su considerable trayectoria, forma parte ya de la etapa del asentamiento y la consolidación. La Sociedad Española de Ornitología (SEO), decana de las organizaciones ambientales desde su fundación en 1954, era el referente y hasta la cuna. Pero la SEO estaba muy centrada en su parcela, las aves, y era preciso ocuparse también del oso, del lobo, del lince, de la nutria y del visón europeo. En las filas de la SECEM hay naturalistas y simples socios de a pie, así como notables científicos que aportan rigor y credibilidad a la parte más aplicada de esta rama de la zoología. Menos vistosa y más esclava que la de sus colegas volcados en las aves, pero igual de gratificante. Incluso puede hablarse de dobles militancias, perfectamente compatibles, y ahí está el caso de Pancho Purroy para demostrarlo, presidente de SEO/BirdLife durante varios años y pionero en el estudio del oso pardo cantábrico.

Otro histórico, Joaquín Araújo, comparte estas páginas para recordar la fundación de Aepden y, más adelante, los lectores encontrarán cumplida cobertura de las muchas actividades en las que está implicada la SECEM. En particular, del recién editado catálogo de las Zonas Importantes para los Mamíferos (ZIM), una herramienta de primer orden para el futuro de nuestra fauna. Conviene ser cocinero antes que fraile y si hoy la conservación de la naturaleza se asume con normalidad, en parte fue gracias a esos entusiastas que se pasaban las tardes en interminables reuniones o dándole a la manivela de la vietnamita en un superpoblado piso de alquiler. Corrían aquellos años dorados, sin móviles ni Internet, hace ya cuatro décadas.


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