Hierbas Comunes

La sonámbula colleja colorada

La colleja colorada es una hierba capaz de crecer en los terrenos más pobres y secos.
Lunes 01 de mayo de 2017

Muchas hierbas necesitan contar con la ayuda de un insecto para perpetuarse. A cambio de asegurar la fecundación de sus flores, el insecto recibe una pequeña recompensa en forma de néctar o polen. Pero, en el abigarrado festival de un campo florido, cada hierba tiene que ingeniárselas para atraer la atención de estos pequeños e imprescindibles colaboradores.



Es habitual que algunas hierbas esperen estoicamente, en forma de pequeñas plántulas o semillas, su oportunidad para desarrollarse en los espacios que les depara una gran urbe, quizá apenas grietas o resquicios. Un cambio en las condiciones del entorno será suficiente para activar sus mecanismos de supervivencia. Por ejemplo, un repentino aumento de las precipitaciones, el enriquecimiento casual del suelo o, simplemente, el abandono de un espacio que hasta entonces estaba sometido a fuerte presión humana. A partir de ahí arranca una enérgica carrera en la que no sólo ganarán las especies más rápidas, sino también aquellas que puedan poner en práctica sus argucias.

Todo vale, incluso el juego sucio y los engaños: venenos, acumulación extra de agua, hábitos trepadores, capacidad para parasitar a sus contrincantes, sobornos a algún que otro agente externo y camuflajes, por citar algunos de los trucos más conocidos.

Este contenido es un resumen / anticipo de una información cuyo texto completo se publica en la revista Quercus, tanto en su versión impresa como digital.