Editorial

WWF España cumple 50 años

Lunes 02 de julio de 2018

En plena canícula, en un mes de julio como este pero de hace cincuenta años, fue fundada la Asociación para la Defensa de la Naturaleza, más conocida por el acrónimo de Adena. Aunque sus siglas, ADN, tampoco habrían estado mal. Más adelante se incorporó al Fondo Mundial para la Naturaleza (World Wildlife Fund) y desde entonces pasó a llamarse WWF Adena y, finalmente, WWF España. En Quercus celebramos su quincuagésimo aniversario con varias páginas firmadas por Juan Carlos del Olmo, su actual secretario general; Joaquín Araújo, uno de sus socios más veteranos; y Teresa Ribera, flamante ministra para la Transición Ecológica, que nos había enviado su artículo antes de que fuera nombrada para tan alta responsabilidad.



Conviene recordar que en 1968 seguía vigente el régimen franquista, así que crear una asociación en aquellos tiempos también tenía algo de revolucionario. Existía ya la Sociedad Española de Ornitología, actual SEO/BirdLife, pero, como otros colectivos científicos, era menos sospechosa de agitación social. ¡Cómo ha cambiado todo! A veces nos impacientamos por los escasos resultados de esa transición ecológica que nos parece inevitable, pero al echar la vista atrás, al recordar la historia reciente de las organizaciones ambientales, podemos calibrar lo mucho que se ha avanzado desde entonces. En todos los terrenos.

Sabemos que está en plena fase de producción un libro conmemorativo en el que se explicarán estos y otros muchos detalles, no tanto con una mirada nostálgica al pasado, sino como un decidido impulso hacia el futuro. Pero tampoco está de más saber de dónde venimos. Hubo que hacer encaje de bolillos político para fundar Adena y fue preciso que alcanzara suficiente tamaño, presupuesto y capacidad de influencia para integrarse en el WWF. Aunque ya desde el principio quedara clara esa dimensión internacional, no sólo tuvieron que atar cabos en lo formal y estatutario, sino también en lo económico. Gracias a aquellos pioneros ingleses que visitaron Doñana en los años cincuenta y, cómo no, a la diplomacia y la habilidad para captar fondos de un personaje tan decisivo como Luc Hoffmann, se pudo comprar una finca en las marismas del Guadalquivir y, lo que es más importante, sentar las bases de lo que sería el futuro Parque Nacional de Doñana. Palabras mayores.

En esas también estaba José Antonio Valverde, que a la postre sería el fundador de la Estación Biológica de Doñana, creada a imagen y semejanza de La Tour du Valat, enclavada en La Camarga francesa, otro humedal mediterráneo de importancia internacional. ¿Quién había sido su artífice? El propio Luc Hoffmann. Todo empezaba a encajar.

Una vez legalmente instituida y con el necesario apoyo científico, la operación necesitaba darse a conocer y ahí fue cuando entró en escena Félix Rodríguez de la Fuente, vicepresidente de Adena desde su fundación hasta aquel fatídico accidente de avioneta que le costaría la vida en 1980. ¿Quién mejor para poner voz a aquellos mensajes? Voz y énfasis. Toda España se admiraba y estremecía con sus charlas en la radio, sus documentales televisivos y sus fascículos coleccionables. Una jugada maestra que nos ha traído a estos primeros cincuenta años de la muy prestigiosa y reconocida delegación española del WWF, la mayor ONG ambiental del mundo.


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