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Los palangres causan menos capturas accidentales de tortugas marinas

Una tortuga boba regresa al mar tras haber desovado en una playa malagueña (foto: José Antonio Rodríguez).

Una gran noticia para pescadores, gestores y conservacionistas

Domingo 31 de marzo de 2019

Ha bastado un pequeño cambio en la profundidad a la que se calan los palangres de superficie para que se redujera drásticamente el número de capturas accidentales de tortugas marinas. En particular, de la tortuga boba en aguas del Mediterráneo occidental.

Por José Carlos Báez, Salvador García, Juan Antonio Camiñas y David Macías



El sector occidental del mar Mediterráneo es una importante zona de alimentación para millares de tortugas bobas (Caretta caretta). Una parte procede de la población que se reproduce en las playas del Mediterráneo oriental y el resto llega a través del Estrecho de Gibraltar desde sus colonias del Caribe y el archipiélago de Cabo Verde (1). El Mediterráneo occidental es también un gran caladero de pesca para la flota española de palangre de superficie, que se dedica a la captura de pez espada (Xiphias gladius), atún rojo (Thunnus thynnus) y atún blanco (Thunnus alalunga). Unas aguas en las que faenan asimismo las flotas italiana, marroquí y argelina. Debido a este solapamiento del área de distribución de la tortuga boba y de la actividad pesquera, tanto en el espacio como en tiempo, durante décadas han caído miles de ejemplares en los llamados palangres de superficie. A comienzos del presente siglo, estas capturas indeseadas se cifraron en al menos 60.000 tortugas bobas en todo el Mediterráneo, es decir, sumados los datos que se recopilan en sus países ribereños (2).

Este contenido es un resumen / anticipo de una información cuyo texto completo se publica en la revista Quercus, tanto en su versión impresa como digital.


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