Investigadores de la Universidad de Oviedo han revelado la existencia de comunidades de hongos altamente especializadas en las raíces del roble albar, distintas incluso entre bosques cercanos, que componen un universo microscópico clave para la salud de los bosques atlánticos.
Texto y fotos: Universidad de Oviedo
Investigadores de la Universidad de Oviedo han liderado el primer muestreo intensivo de los hongos que habitan las raíces del roble albar (Quercus petraea) en el límite sur de su distribución europea, un área considerada especialmente vulnerable a los efectos del cambio climático. El estudio, realizado en colaboración con especialistas de ixCelium (Ruislip, Londres) y de las universidades de Granada y Santiago de Compostela, analiza por primera vez de forma conjunta la diversidad taxonómica, funcional y ecológica de los hongos presentes en los sistemas radicales de esta especie forestal emblemática. El trabajo ha sido publicado en la revista Mycological Progress.
El equipo muestreó tres espacios naturales protegidos de la Cordillera Cantábrica representativos del bosque atlántico de roble: el Parque Natural de Redes, el Parque Natural de Fuentes del Narcea, Degaña e Ibias y la Zona Especial de Conservación de los Ancares. En cada área se seleccionaron árboles pertenecientes a distintas posiciones dentro del dosel –dominantes, codominantes, intermedios y sumergidos)– con el fin de analizar cómo la estructura del bosque influye en el entramado de especies fúngicas que conviven bajo el suelo.
Comunidades de hongos altamente especializadas
Pedro Álvarez, investigador del Departamento de Biología de Organismos y Sistemas de la Universidad de Oviedo, destaca que “este trabajo demuestra que bajo nuestros bosques existe una gran diversidad, con comunidades de hongos específicas que varían de un bosque a otro, incluso dentro de una misma región”.
Mediante el uso de técnicas de metabarcoding de ADN (secuenciación masiva) combinadas con análisis histológicos tradicionales, los investigadores identificaron más de un millar de variantes genéticas, de unas trescientas especies, una riqueza mucho mayor de la documentada hasta ahora para estos bosques. Pese a que la riqueza fue similar en las tres áreas, la composición de las comunidades fúngicas fue marcadamente distinta: únicamente un 7,4% de las variantes apareció en todos los sitios. Esta elevada especificidad muestra que cada bosque alberga comunidades únicas condicionadas por el tipo de suelo, el microclima y la estructura del arbolado.
El estudio revela además el papel fundamental que desempeñan distintos grupos de hongos en la nutrición del roble. Entre ellos destacan los hongos ectomicorrícicos, responsables de facilitar la absorción de nutrientes y agua. A través del análisis morfológico de las puntas radicales, el equipo identificó once morfotipos. Estos hongos, mayoritariamente pertenecientes a los filos Basidiomycota y Ascomycota, contribuyen al buen estado fisiológico de los árboles, especialmente en suelos pobres o sometidos a estrés ambiental.
La salud de un bosque depende también de los microorganismos
Más allá de las ectomicorrizas, la investigación detectó una notable presencia de hongos endófitos de raíces. Estos hongos, cuya función ecológica todavía se está desentrañando, podrían desempeñar un papel importante en la resistencia del roble frente a condiciones adversas. El estudio también destaca la coexistencia de hongos saprófitos, implicados en la descomposición de materia orgánica, lo que contribuye a la fertilidad del suelo y al ciclo de nutrientes.
Uno de los bosques cantábricos de roble albar donde se ha llevado a cabo el estudio.
Un hallazgo relevante es que los árboles de clase sociológica intermedia –aquellos que reciben menos luz y compiten por recursos– muestran en dos de las áreas estudiadas una mayor diversidad fúngica y un número más alto de taxones exclusivos. Este patrón sugiere que los individuos situados en posiciones menos favorecidas dentro del dosel pueden depender más intensamente de una comunidad fúngica diversa para optimizar la adquisición de nutrientes.
Desde una perspectiva selvícola, estos resultados subrayan la importancia de mantener una estructura forestal heterogénea, ya que las cortas intermedias, clareos o tratamientos que modifiquen la estratificación del dosel pueden influir directamente en la estabilidad de las redes simbióticas subterráneas. Conservar dicha diversidad estructural no sólo repercute en la vitalidad de los árboles individuales, sino también en la resiliencia a largo plazo de todo el ecosistema.
“Nuestros resultados refuerzan la idea de que la salud del bosque no depende únicamente de los árboles, sino también del complejo entramado de microorganismos subterráneos que los sustentan. Conocer la diversidad y función de estos hongos es imprescindible para gestionar y conservar los bosques atlánticos, especialmente en escenarios de calentamiento, pérdida de humedad o desplazamiento altitudinal de especies”, afirma Norma Alas Gutiérrez, doctora por la Universidad de Oviedo y primera autora del trabajo.
Los investigadores concluyen que este estudio proporciona una base científica sólida para diseñar estrategias de conservación que mantengan la heterogeneidad estructural del bosque y, con ella, la estabilidad de las simbiosis subterráneas que sostienen todo el ecosistema.
Artículo de referencia:
Norma Alas Gutiérrez y otros autores (2026). Fungal diversity in Atlantic oak root systems: a pioneering study in the Cantabrian Mountains. Mycological Progress, 25: 7.