Un estudio internacional revela que las presas que construye el castor europeo transforman los ecosistemas fluviales en eficaces almacenes de carbono al tiempo que mejoran la disponibilidad de agua subterránea. Hasta un 26% más de carbono se acumula en los sedimentos y la madera muerta generados por la inundación, donde puede permanecer almacenado hasta tres décadas.
Texto: CREAF
Fotos: Annegret Larsen
El castor europeo (Castor fiber), una especie protegida por la Unión Europea, ha aumentado su población a lo largo de las últimas dos décadas en España y, actualmente, ya se encuentra a las puertas de Cataluña. Un nuevo estudio publicado en Communications Earth & Environment, liderado por el investigador Lukas Hallberg, de la Universidad de Birmingham, y en el que participa el CREAF, demuestra por primera vez que las zonas de río donde los castores construyen sus presas almacenan un 26% más de carbono a lo largo del año. Este carbono se acumula principalmente en los sedimentos y en la madera muerta generada por la inundación y puede permanecer almacenado hasta tres décadas. También se han demostrado efectos positivos sobre el ciclo del agua ya que se infiltra más cantidad y, por ello, se llenan los acuíferos.
El castor europeo es una especie autóctona que desapareció prácticamente de Europa en el siglo XIX debido a la caza. "Su expansión en España, que empezó a principios del año 2000, ha generado controversia por las posibles afectaciones en los bosques de ribera. Pero debemos tener en cuenta que la vegetación que tenemos aquí está adaptada a su presencia y con este estudio mostramos los beneficios que aporta este mamífero para mitigar el cambio climático", destaca Josep Barba, uno de los autores del estudio. También hay preocupación en el sector agrario, especialmente en cultivos situados junto al cauce del río, "pero casi toda la actividad del castor se concentra en los primeros veinte metros desde el margen fluvial, por lo que la afectación suele ser muy localizada", continúa Barba. No obstante, el investigador también aclara que la reintroducción del castor en ningún caso debe hacerse de forma ilegal y siempre debe ser planificada y basada en evidencia científica.
Presa construida por los castores en la zona de estudio de la cuenca del Rin.
Más recarga para los acuíferos
El mecanismo detrás de este aumento de carbono es que el castor construye sus presas cortando ramas, arbustos y pequeños árboles que después entrelaza con barro, piedras y sedimentos del mismo río. Esta estructura frena la velocidad del agua y crea una zona inundada aguas arriba. Al reducirse la corriente, el material orgánico –como hojas, restos vegetales o madera muerta– se acumula y pasa a formar parte de los sedimentos, que contienen mucho carbono. "Al ralentizar el agua, retener sedimentos y ampliar los humedales, los arroyos se convierten en potentes sumideros de carbono. Este estudio pionero representa una oportunidad importante y un avance para futuras soluciones climáticas basadas en la naturaleza en toda Europa", destaca Joshua Larsen, de la Universidad de Birmingham y uno de los autores principales del estudio.
La investigación se realizó durante un año en un tramo de río de ochocientos metros en la cuenca del Rin en Suiza donde hay presencia de castor desde el año 2010. Se midieron todos los flujos de carbono entrantes y salientes del sistema en tres puntos del río: antes de la zona con presas, dentro del área modificada por el castor y aguas abajo. El equipo científico combinó medidas de caudal con sensores automáticos, muestreos de agua y cámaras de gas para cuantificar emisiones de CO₂ y metano. También analizó sedimentos y biomasa para calcular el almacenamiento de carbono.
Según los investigadores, las presas que construyen los castores también transforman el paisaje fluvial. Al frenar la corriente, el agua deja de circular rápidamente río abajo y tiene más tiempo para infiltrarse en el subsuelo. Estos espacios inundados incrementan la recarga de las reservas subterráneas y mejora la calidad del agua, que se filtra lentamente a través de los sedimentos. “Quizás con menos agua visible en superficie en algunos momentos porque se reduce el caudal, pero con más reserva escondida bajo tierra, disponible a medio y largo plazo en caso de sequía”, explica Barba.
Investigadores toman datos en una de las zonas de estudio de Suiza ocupadas por los castores.
Expansión por varias cuencas españolas
El castor europeo estuvo a punto de desaparecer en el siglo XIX debido a la caza para aprovechar su piel, carne y grasa. En el siglo XX, varios países europeos, como Suiza, impulsaron su reintroducción, lo que ha permitido que la especie se haya ido recuperando progresivamente. En el caso de España llegó en 2003 cuando unos activistas belgas liberaron de forma ilegal a una decena de ejemplares en Navarra.
En España, desde 2020 el castor europeo está incluido en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial (LESRPE), por lo que están prohibidas su caza y captura, excepto en casos muy excepcionales y autorizados. Desde entonces la especie se ha expandido por las cuencas de los ríos Ebro, Guadalquivir y Tajo.
Artículo de referencia:
Lukas Hallberg y otros autores (2026). Beavers can convertido stream corredores tono persistente carbon sinks. Communications Earth & Environment, 7: 227.