Editorial

Relevo al timón de Quercus

Jueves 30 de abril de 2026

Como suscriptor de Quercus recibía una descarga de endorfinas cada vez que llegaba un nuevo ejemplar al buzón de mi casa paterna. Nada hacía presagiar entonces que dedicaría mi vida laboral a aquella revista tan interesante y combativa. Cuando me incorporé a su redacción en febrero de 1988 lo primero que me encargaron fue escribir las reseñas de libros, supongo que como rodaje. Hace apenas unos días terminé también las que aparecen en este cuaderno 483 de mayo, seguramente las últimas que publique. Nunca las firmé, pero creo que llevan mi sello. He sido tan fanático de Quercus como de los libros, así que puedo considerarme afortunado. Más de 38 años después de todo aquello, ha llegado el momento de jubilarme.

En 1992, también en un mes de mayo, asumí la dirección de la revista, que ahora entrego a José Antonio Montero, con quien he compartido pasión por la naturaleza y empeño profesional a diario durante tres décadas. Sin la menor sombra de duda, es la persona más adecuada que conozco para que tome el relevo. Los lectores atentos apreciarán el cambio el mes que viene. Debajo del sumario, en esos créditos que casi nadie lee, habré adoptado un cargo honorífico y José Antonio figurará como director, sin que nada de ello vaya a tener demasiada relevancia en cuanto a los contenidos de la revista. Es un simple reajuste. Desde hace unos meses también figura en la letra pequeña Cristina Vega, que ha sido un refuerzo imprescindible en esta etapa de transición. Y sigue al frente, por supuesto, Miguel Miralles, sin el que Quercus, sencillamente, habría desaparecido. Fue Miguel, con el empujón decisivo que nos dio una Cristina aún en la sombra, quien nos embarcó a todos en una nueva etapa de la revista, fuera ya del paraguas de sus fundadores y de la Editorial América Ibérica. Yo quizá fuera el timonel de aquella nueva singladura que empezó en 2013, pero Miguel ha sido el armador y hasta el patrón ante cualquier asunto práctico, dado el escaso entusiasmo que tanto José Antonio como yo mismo sentimos por la gestión empresarial.

Así que allí siguen los tres, Cristina, José Antonio y Miguel, como la más sólida garantía de que Quercus permanecerá fiel a su línea editorial. No hay nubarrones en el horizonte y sí mucho trabajo por delante. Con los inevitables altibajos, la revista goza de buena salud y si yo me aparto es por el imperativo categórico de la edad. Como no podía ser de otro modo, Quercus también está supeditado a los procesos naturales.

En la cama, insomne, me pregunto qué será de Quercus sin mí y qué será de mí sin Quercus. Temores nocturnos que se disipan al salir el sol. La revista cumple en diciembre 45 años de existencia y nunca la he visto más robusta. Gracias, como siempre, al apoyo constante de colaboradores, lectores, seguidores y, sobre todo, suscriptores. He dicho muchas veces que los suscriptores son la raíz pivotante, el cimiento profundo que mantiene vivo a este Quercus de papel prensa. Yo regresaré a mi condición inicial y esperaré cada mes en el buzón la dosis necesaria de endorfinas, que trataré incluso de reforzar con más tiempo libre para salir al campo. Pero mis compañeros ya saben que pueden contar conmigo para cualquier cosa. Mi compromiso no termina con la jubilación. Ningún trámite administrativo, por tedioso que sea, puede interrumpir una relación tan estrecha y tan fecunda. ¡Larga vida al Quercus!

Rafael Serra