Los hámsteres suelen asociarse a pequeñas mascotas domésticas. Pero en realidad algunas especies, como el hámster común, sobreviven en estado salvaje y están amenazadas. En Viena, estos roedores han encontrado un refugio inesperado en parques y especialmente dentro de los cementerios, donde han logrado adaptarse e incluso prosperar.
Texto: Frederic Ferrando
“¡Papá, mamá, quiero una mascota!” Puede que esta frase sea una de las más temidas por muchos padres en el momento en el que su hijo les pide un animal de compañía. Seguramente el niño está pensando en un perro o un gato, pero numerosas familias se decantan por una especie un poco más pequeña y que requiere menos cuidados, como el hámster.
Y precisamente en ese animal nos vamos a fijar. Se pueden encontrar distintas especies en las tiendas de mascotas. El hámster Roborovski (Phodopus roborovskii), muy pequeño y de color gris, el hámster ruso (Phodopus sungorus), similar al Roborovski, o el hámster dorado (Mesocricetus auratus), un poco más grande y de colores terrosos. La mayoría de estas especies proviene de zonas áridas de Asia.
Otra especie, en este caso no comercializable, es el hámster común (Cricetus cricetus). Originario de Centroeuropa, es de mayor tamaño y de color oscuro. Más que a un animal salvaje, se le asocia a mascota y a cautividad. Pero en libertad se encuentra amenazado. Tanto es así que en la Lista Roja de la UICN aparece como “En peligro crítico”, último estado antes de extinguirse.
AUTOR:
Frederic Ferrando, reportero de naturaleza y fotógrafo, ha estado estudiando y fotografiando los hámsteres en Viena, junto a Richard Zink, que gestiona el proyecto de ciencia ciudadana StadtWild- Tiere en la capital austriaca. El autor consiguió filmar, fotografiar y observar a los hámsteres en su hábitat preparándose para el invierno.
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Frederic Ferrando
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