Especies

Las islas concentran cerca del 75% de las extinciones globales

El loro de pico ancho (Lophopsittacus mauritianus), un ave de gran tamaño, era endémico de la isla de Mauricio, en el océano Índico. Se extinguió en el siglo XVII, probablemente debido a una combinación de especies introducidas, pérdida de hábitat y caza (ilustración: Julian Hume).
Lunes 27 de julio de 2026

Las islas, que albergan una biodiversidad única, concentran también hasta un 75% de las extinciones de especies registradas en el planeta. Un nuevo estudio internacional, con participación española, advierte de que la acción humana está contribuyendo a homogeneizar sus ecosistemas, cada vez más parecidos a los del continente.



El miotragus (Myotragus balearicus) –cabra rata balear, en griego– era una especie endémica de las islas Baleares, donde habitó hace cinco mil años. Hoy en día, de este bóvido sólo queda rastro en los fósiles, porque los primeros habitantes de las islas lo cazaban, se introdujeron nuevas especies que compitieron con él y acabó desapareciendo. No se trata de un caso aislado. Un nuevo estudio, que acaba de publicarse en Science Advances, alerta de que las islas de todo el mundo concentran cerca del 75% de las extinciones globales registradas por la UICN.

Según el equipo investigador, las actividades humanas han ido modificando los ecosistemas insulares desde hace miles de años hasta el punto de que la biodiversidad de las islas es cada vez más homogénea y más parecida a la del continente. El estudio, liderado por Thomas J. Matthews, de la Universidad de Birmingham https://www.birmingham.ac.uk/, cuenta con la participación de varias entidades españolas, entre las que destacan el CREAF, la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), el Museo de Ciencias Naturales de Granollers y el Centro Tecnológico BETA (Uvic-UCC).

Este estudio documenta, por ejemplo, pérdidas extremas en diferentes archipiélagos, como la isla de Navidad, en el océano Índico, que ha perdido cerca del 80% de los mamíferos y los lagartos endémicos. En el caso de la isla Rodrigues, también en el Índico, ha desaparecido el 100% de los reptiles nativos y en Hawái se han extinguido el 70% de las aves terrestres. “En general, observamos que la extinción de especies endémicas y la introducción de plantas y animales ampliamente distribuidos en otras partes del mundo hacen que las islas sean más homogéneas y cada vez más parecidas entre ellas”, señala Sandra Nogué, investigadora ERC de la UAB y del CREAF y coautora del estudio.

Entre las principales causas de estas extinciones destacan la llegada de especies invasoras, la tala de bosques para abrir zonas de cultivo o urbanizar y la introducción de animales domésticos o asociados a la actividad humana, como ratas, gatos, cabras o cerdos. “Muchas especies insulares evolucionaron durante millones de años sin grandes depredadores, con lo que suelen ser muy confiadas. Por lo tanto, son especialmente vulnerables a nuevos depredadores, que acaban desplazándolas”, explica Natàlia Martínez-Rubio, investigadora del CREAF.

Canarias y Baleares: extinciones y especies al límite
Según estas investigadoras, en las islas más cercanas a la Península Ibérica también hay ejemplos de especies únicas que han desaparecido o que actualmente se encuentran amenazadas. En las islas Baleares, por ejemplo, existió una especie endémica, la lechuza gigante (Tyto balearica), que desapareció hace siglos con la llegada de los humanos.

Actualmente, los lagartos gigantes de las islas Canarias (género Gallotia) están viendo mermadas sus poblaciones por la expansión de la serpiente real de California (Lampropeltis californiae). También la paloma rabiche (Columba junoniae), endémica del bosque de laurisilva canario, empieza a ser considerada “Casi amenazada”, según la UICN, debido a la pérdida de hábitat y a depredadores como gatos y ratas. En cuanto a las islas Baleares, la lagartija de las Pitiusas (Podarcis pityusensis), especie endémica de Ibiza, Formentera y sus islotes, se encuentra en riesgo de extinción por otra serpiente invasora, la culebra de herradura (Hemorrhois hippocrepis).

Estas pérdidas no sólo implican una reducción del número de especies, sino también ecosistemas menos funcionales. “Cuando desaparece una especie insular, también desaparecen las funciones ecológicas que ejercía”, continúa Oriol Lapiedra, investigador del CREAF y otro de los coautores del estudio. La lagartija de las Pitiusas, por ejemplo, actúa como dispersora de semillas y polinizadora, además de controlar plagas de invertebrados.

Las plantas también sufren las consecuencias de la alteración de los ecosistemas insulares, aunque suelen ser las grandes olvidadas. “Por ejemplo, gracias al polen fósil, se ha conocido que dos especies vegetales desaparecieron antes incluso de ser estudiadas científicamente, como una especie de roble (género Quercus) y de un carpe (género Carpinus) que habitaban en la isla de Tenerife”, señala Nogué.

La tarea de reconstruir el pasado
Las islas han sido fundamentales para entender los procesos evolutivos y generar nuevas teorías –como la de la selección natural que formuló Charles Darwin– y para la biogeografía, la disciplina que estudia por qué unas especies viven en determinados lugares y no en otros. En este sentido, el estudio alerta de que los ecosistemas insulares actuales son el resultado de miles de años de impacto humano y no únicamente de procesos ecológicos y evolutivos previos a la llegada de los humanos.

Natàlia Martínez y Ferran Sayol, coautores de la investigación, toman medidas para realizar estudios evolutivos sobre la paloma de Nicobar (Caloenas nicobarica), una especie que aún sobrevive, pero que está catalogada como “Casi amenazada” según la UICN. Esta especie habita pequeñas islas boscosas, manglares y selvas desde las islas Nicobar y Andamán (océano Índico) hasta Indonesia y Palaos. La foto ha sido tomada en el Castell dels Tres Dragons, que forma parte del Museu de Ciències Naturals de Barcelona (foto: Cristina Claramunt).

“Por lo tanto, si sólo estudiamos las especies que han sobrevivido hasta hoy, tenemos una visión parcial y sesgada de cómo eran realmente estos ecosistemas. Es decir, las teorías científicas podrían estar incompletas si no se incorporan las alteraciones humanas históricas”, añade Ferran Sayol, investigador del Centro Tecnológico BETA (UVic-UCC) y otro de los coautores.

Para llenar estas lagunas de información, los autores proponen combinar fósiles, polen antiguo, ADN antiguo, colecciones de museos y registros históricos, además de mejorar las bases de datos globales de biodiversidad. “La historia de las islas es fundamental para comprender cómo han evolucionado las especies, entender qué ocurre cuando desaparecen y, en última instancia, contribuir a conservar su futuro”, finaliza Thomas J. Matthews.

Artículo de referencia:
Thomas J. Matthews y otros autores (2026). Emergent patterns of island biodiversity in the Anthropocene. Science Advance, 12 (30).

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