El loro kaka casi había desaparecido de la Isla Sur de Nueva Zelanda. Los depredadores introducidos, la pérdida de hábitat y los fracasos reproductores lo llevaron al límite. Por suerte, un programa de reintroducción y control de las amenazas ha logrado lo que parecía improbable: que esta especie endémica vuelva al Parque Nacional Abel Tasman.
Texto: Freya Santana
El sonido llegó antes de que pudiéramos verlos. Al amanecer, en la cabaña del Departamento de Conservación de Nueva Zelanda en Wairima/Bark Bay, el característico “kaa-peew” de los loros kaka resonaba cada vez más cerca, hasta que parecía que estábamos rodeados por ellos.
En cuestión de minutos, varios ejemplares se concentraron alrededor de los comederos artificiales, donde alternaban la alimentación con el descanso en los árboles cercanos o investigaban con curiosidad cualquier objeto a su alcance, incluidas nuestras cámaras de fototrampeo. Aquella escena, repetida día tras día, habría sido impensable apenas unos año s antes.
Aotearoa, nombre en maorí de Nueva Zelanda, es conocida por su gran número de especies de aves endémicas, muchas de ellas en peligro de extinción. Antes de la llegada de los humanos, estas aves no tenían depredadores terrestres. Pero con la llegada de los primeros habitantes del Pacífico aparecieron las ratas y con los europeos se introdujeron gatos, hurones y comadrejas.
AUTORA:
Freya Santana, bióloga especializada en conservación, ha trabajado en diferentes proyectos internacionales, que abarcaban acciones como la restauración de ecosistemas, el seguimiento y la reintroducción de fauna amenazada y la educación ambiental.
Dirección de contacto:
Freya Santana
freya@amakali.org