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Montañas de guano: el secreto de los murciélagos cavernícolas

Hembras de murciélago ratonero grande en una antigua mina de la provincia de Salamanca (foto: Luis Hernández Tabernero).

Emisiones amoniacales, microclima y defensa química en colonias de quirópteros

Viernes 28 de agosto de 2026

En el interior de muchas cuevas, túneles y minas, bajo miles de murciélagos en reposo, se acumulan auténticas montañas de guano. A primera vista pueden parecer un simple residuo biológico. Sin embargo, lejos de ser un problema de higiene, este sustrato constituye uno de los elementos ecológicos más decisivos para el éxito reproductor de varias especies cavernícolas.



Texto: Luis Hernández Tabernero

Especies como por ejemplo el murciélago de cueva (Miniopterus schreibersii), el murciélago grande de herradura (Rhinolophus ferrumequinum) o el murciélago ratonero grande (Myotis myotis) dependen de refugios históricos donde el guano se ha acumulado durante décadas e incluso siglos. Esa acumulación de excrementos de los propios quirópteros no es un efecto colateral: forma parte del propio sistema ecológico de la colonia, algo que he podido comprobar en diversos núcleos reproductores de gran importancia situados en la provincia de Salamanca, principalmente en el ámbito del Parque Natural de los Arribes del Duero.

Una barrera química contra intrusos

La descomposición microbiana del guano libera amoníaco, generando concentraciones detectables en determinadas zonas del refugio utilizado por los murciélagos cavernícolas. Estas emisiones actúan como una auténtica barrera química natural. Diversos depredadores terrestres, como la rata negra (Rattus rattus), la garduña (Martes foina) o la gineta (Genetta genetta), reducen su permanencia en ambientes con altas concentraciones de amoníaco. Incluso algunos ofidios muestran conductas de evitación. El resultado es una disminución del riesgo de depredación en las colonias de cría de quirópteros, especialmente vulnerables durante la época reproductora.

Además, el guano acumulado bajo colonias numerosas de especies del género Myotis y Miniopterus cumple una función física nada desdeñable: amortigua posibles caídas accidentales de neonatos, que nacen relativamente grandes y con escasa capacidad de desplazamiento.

AUTOR:
Luis Hernández Tabernero es naturalista e investigador vinculado a la Universidad de Salamanca, especializado en ecología y conservación de los murciélagos. Con más de cuarenta años de experiencia en trabajo de campo, ha dedicado gran parte de su trayectoria al estudio y seguimiento de los quirópteros y sus hábitats. Es miembro de la Sociedad Española para la Conservación y el Estudio de los Murciélagos (SECEMU), donde participa activamente en programas de seguimiento poblacional, gestión de colonias cavernícolas y divulgación ambiental.

Dirección de contacto:
Luis Hernández Tabernero
luistadaridath@hotmail.com


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