Editorial

Plomo: el cambio es posible

Miércoles 28 de octubre de 2026

El Parlamento Europeo acaba de despejar el camino para extender a todo el territorio de la Unión Europea la prohibición de los perdigones de plomo utilizados en la caza y el tiro deportivo. El pasado 8 de octubre, los eurodiputados rechazaron las objeciones que pretendían bloquear esta medida, que permitirá reducir una fuente de contaminación tóxica responsable de la muerte de un millón de aves al año en Europa, según las estimaciones de la Agencia Europea de Sustancias y Mezclas Químicas (ECHA). Pero la futura normativa tiene una importante carencia: las balas de plomo empleadas en la caza mayor quedan fuera de esta restricción.

Celebramos el avance, pero el problema del plomo cinegético va mucho más allá. Precisamente en este Quercus publicamos un artículo sobre la exposición de los osos cantábricos al metal que nos ocupa (págs. 22 a 26). Los restos de los animales muertos en batidas y recechos de caza mayor constituyen un importante recurso para osos, lobos y buitres, entre otras especies carroñeras. Pero el plomo residual que queda en estas carroñas puede convertirse en una vía de intoxicación a través de la cadena trófica, que termina afectando a especies que ni siquiera son objeto de la actividad cinegética, como los propios osos, o incluso a la salud humana. Según este artículo, en el 40% de las muestras de pelo de oso analizadas se detectó plomo. Además, las concentraciones más elevadas aparecieron sobre todo en muestras recogidas en la temporada de caza mayor y la comparación de las huellas isotópicas apunta a la munición como una de las principales fuentes de contaminación.

Un segundo artículo de este número nos acerca a una experiencia que demuestra que el cambio es posible (págs. 27 a 29). En el Alto Tajo y la Serranía de Cuenca, la asociación Terra Naturalis impulsa desde 2022 un programa para sustituir voluntariamente las balas de plomo por otras de cobre. La iniciativa trabaja ahora mismo con quince cotos de caza que suman unas 55.000 hectáreas. Según las estimaciones disponibles, alrededor de la mitad de los participantes utiliza ya munición sin plomo. La experiencia también ha revelado las dificultades que están impidiendo el cambio de munición en el sector cinegético: falta de información sobre los efectos tóxicos del plomo, dudas acerca del rendimiento de las alternativas y obstáculos para generalizar su disponibilidad. Por eso, el trabajo directo con los cazadores y los acuerdos de colaboración han resultado fundamentales en este proyecto.

La regulación europea supone un paso importante, pero ni mucho menos resuelve del todo el problema. España ya había asumido el compromiso de avanzar hacia la eliminación progresiva del plomo cinegético, sin excluir la munición de caza mayor, y debe traducirlo en medidas concretas, sin esperar a que los plazos europeos se agoten, tal y como han reclamado asociaciones conservacionistas como SEO/BirdLife. Los cazadores tienen aquí un papel esencial. No se trata de señalar a un colectivo, sino de reconocer que una parte importante de la solución depende de su capacidad para impulsar el cambio desde dentro.

Sustituir el plomo es una medida de prevención ambiental y sanitaria, compatible con una práctica cinegética responsable. Si existen alternativas eficaces y seguras, mantener una fuente de contaminación evitable carece cada vez más de justificación. La conservación de la fauna salvaje exige que el plomo deje de circular por los ecosistemas y no estaría de más que fuesen los propios cazadores quienes se preocupasen de que ese objetivo llegue mucho antes de que lo imponga una norma.


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