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El ocaso del oso en Castilla y Aragón: dos historias diferentes

Feriante con un oso amaestrado en Morella (Castellón) hacia 1920 (Archivo Pascual del Ayuntamiento de Morella).

El largo camino entre pieza de caza regia y bestia indeseable

Viernes 02 de diciembre de 2016

Parece que el oso pardo fue considerado de forma distinta en los antiguos reinos de Castilla y Aragón. Mientras que reyes y nobles castellanos lo valoraban como pieza de caza, los aragoneses apenas le prestaron atención, dejándolo al albur de sus súbditos. Una vieja dicotomía que puede rastrearse a través de fuentes históricas y que ha tenido su reflejo en la distribución actual de la especie.

Por Juan Jiménez



El Libro de Montería se atribuye a Alfonso XI (1312-1350), aunque recoge contribuciones que van desde Alfonso X (1221-1284) hasta años después de la muerte del primer monarca (1), y es una pieza excepcional de la literatura cinegética europea temprana. Describe con gran detalle toponímico nada menos que 1.560 montes con sus correspondientes piezas de caza (sobre todo, osos y jabalíes), las características de cada mancha y cómo disponer puestos, ojeadores y monteros. Todos estos detalles permitieron a José Antonio Valverde ubicar en la actualidad casi todos aquellos montes y recorrer buena parte de ellos entre 1979 y 1988. El resultado es Anotaciones al Libro de la Montería del rey Alfonso XI, obra magna y poco difundida que afortunadamente la Universidad de Salamanca ha preservado en formato digital (2).

Tanto las diferentes ediciones del Libro de la Montería como los comentarios de Valverde han sido claves para reconstruir la distribución del oso en la España peninsular durante la Edad Media (3), ya que sitúan su presencia en cerca de un millar de montes entre Asturias y Cádiz (Cuadro 1). Como es obvio, el Libro de la Montería no puede incluir referencias sobre aquellos territorios de la España actual que entonces no formaban parte del Reino de Castilla, es decir: la mayor parte del sureste peninsular, que pertenecía al reino nazarí de Granada; los señoríos vascos y el Reino de Navarra; pero, sobre todo, el extenso territorio de la Corona de Aragón (Cataluña, Aragón y la Comunidad Valenciana). Por tanto, el Libro de la Montería es una excelente herramienta para situar al oso en la Corona de Castilla durante el siglo XIV, pero en modo alguno para dibujar su distribución en España, ya que faltaría más de una tercera parte de su territorio.

Este contenido es un resumen / anticipo de una información cuyo texto completo se publica en la revista Quercus, tanto en su versión impresa como digital.


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