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Zampullines cuellinegros ante la contaminación: la importancia de las interacciones ecológicas

Zampullín cuellinegro con su plumaje característico en época de cría (foto: Wildlife World / Shutterstock).

Fascinante interacción entre un ave acuática, un crustáceo y un parásito, estudiada en las marismas del Odiel

Lunes 02 de abril de 2018

Tras la cría, miles de zampullines cuellinegros recalan en las marismas del Odiel, donde la abundante Artemia se convierte en el elemento principal de su dieta. Un parásito adquirido al ingerir al crustáceo podría estar ayudando a estas aves a protegerse de la alta contaminación existente en el humedal donde se concentran.

Por Marta I. Sánchez y otros autores



Los zampullines cuellinegros (Podiceps nigricollis) son aves acuáticas migratorias de pequeño-mediano tamaño que se distribuyen por Eurasia, África y Norteamérica. La población mundial se estima en unos 3.900.000-4.200.000 individuos (1). En España son predominantemente sedentarios y pueden observarse a lo largo de todo el año. Su principal zona de cría se sitúa en las marismas del Guadalquivir, prefiriendo cuerpos de agua poco profundos con abundante vegetación. En años favorables pueden contabilizarse varios centenares de parejas.

Son aves completamente adaptadas a la vida acuática y dependientes de los humedales, siendo muy difícil observarlas fuera del agua, donde se desplazan de forma torpe. Por ello son particularmente vulnerables al deterioro de los ecosistemas acuáticos, considerándose indicadores ideales de la salud de esos ambientes. El zampullín cuellinegro fue incluido en el plan de acción internacional para la conservación y el seguimiento de los somormujos y zampullines, en 1997 (2), y actualmente está catalogado a escala europea como “Casi amenazado” en la Lista Roja de la IUCN.

Este contenido es un resumen / anticipo de una información cuyo texto completo se publica en la revista Quercus, tanto en su versión impresa como digital.


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