Los grandes incendios de 2025 golpearon de lleno el último refugio del urogallo cantábrico. Más allá de la superficie quemada, el fuego afectó a cantaderos y áreas de ocupación clave, agravando la pérdida de hábitat previa. Ciertas medidas preventivas contra el fuego, como desbroces y nuevas pistas, amenazan con empeorar la situación de una especie verdaderamente al borde de la extinción.
Texto: Rolando Rodríguez Muñoz
En las últimas dos décadas, los ornitólogos y científicos europeos han observado con creciente preocupación un marcado descenso en las poblaciones de aves ligadas a los medios agrarios. Este fenómeno ha sido especialmente evidente en la Península Ibérica, donde tres especies emblemáticas –el sisón común (Tetrax tetrax), la avutarda euroasiática (Otis tarda) y el aguilucho cenizo (Circus pygargus)– han perdido más del 50% de sus efectivos poblacionales.
Las investigaciones apuntan a que la causa principal reside en los cambios negativos que han sufrido los ecosistemas agrarios de los que dependen estas aves. Ante esta situación, en 2021 se puso en marcha el proyecto LIFE Agroestepas Ibéricas, coordinado por SEO/BirdLife. Su objetivo es articular la colaboración entre ecologistas, agricultores, investigadores y administraciones para establecer compromisos de buenas prácticas agrarias en trece áreas catalogadas como Zonas de Especial Protección para las Aves (ZEPA) de la Red Natura 2000, situadas en Extremadura, Aragón y el Alentejo portugués.
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