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La langosta mediterránea, una plaga bíblica en la España del siglo XXI

Foco de alta densidad de langostas en la comarca extremeña de La Serena (foto: Pedro Pablo Bueno).

Se impone el uso de la tecnología más avanzada para el control de este ortóptero

Jueves 26 de febrero de 2026

A lo largo de más de cuatro mil años la langosta ha sido percibida como un castigo divino que provocaba verdaderos estragos en los cultivos. De los exorcismos o milagros de santos en la Edad Media para acabar con las plagas, hemos pasado a la gestión fitosanitaria apoyada en tecnología avanzada, incluso con el uso de drones y satélites para detectarlas. Todo un reto de gestión sostenible.



Texto: Pedro Pablo Bueno

Moisés escribió el que sería el segundo libro del Antiguo Testamento (Éxodo) entre los años 1440 y 1400 a. C. En él se detallan las diez plagas con las que el dios de los hebreos presionó al faraón hasta conseguir la liberación del pueblo de Israel. La octava de estas plagas fue la langosta. La información más antigua que alude a este invertebrado como enemigo de los cultivos se corresponde con las inscripciones de la tumba de Anjtifi, en el sur de Egipto, datada en el año 2150 a. C.

Aunque no se tienen muchas evidencias, es probable que durante la Edad Media se produjeran explosiones periódicas de esta plaga en la Península Ibérica. Así, a mediados del siglo XI, debió de producirse una especialmente devastadora que llevó al rey de Pamplona a pedir ayuda al papa Benedicto IX, quien envió a conjurarla en su nombre a un religioso benedictino, obispo de Ostia (Italia), llamado Gregorio, que años más tarde subiría a los altares como San Gregorio Ostiense. El santo cristiano se ganó fama exorcizando plagas e incluso tras su muerte, acaecida en 1044, sus reliquias eran enviadas allí donde una plaga menoscabara los cultivos.

San Agustín comparte protagonismo con el de Ostia por haber sido artífice, con su milagrosa aparición en Toledo en 1268, de la extinción de la plaga de langosta que asolaba la ciudad. La fama agustiniana se difundió ampliamente durante los siglos XVI y XVII con su intercesión en diversas poblaciones castellanas como Madrigal de las Altas Torres, Valenzuela de Calatrava y Burgos.

Llegan los productos fitosanitarios para el control de las plagas
En los siglos siguientes se complementaron los remedios divinos –exorcismos, rogativas y el agua de San Gregorio– con técnicas de lucha más mundanas, como el uso de arados, buitrones, pisones o fuego que, o bien dañaban las puestas antes de su avivamiento –proceso de reactivación y crecimiento rápido de las poblaciones– o bien impedían el avance de los cordones de langostas, capturándolas o matándolas antes de que fueran volanderas.

AUTOR:
Pedro Pablo Bueno Martínez, ingeniero técnico agrícola, es jefe de sección de Campañas Fitosanitarias en la Consejería de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Sostenible de la Junta de Extremadura.

Dirección de contacto:
Pedro Pablo Bueno
pedropablobueno@gmail.com

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