La dispersión de semillas es clave para explicar cómo las plantas colonizan nuevos territorios y responden a los cambios ambientales. Aunque la mayoría cae cerca de la planta madre, una pequeña fracción alcanza grandes distancias. Investigaciones recientes demuestran que las aves migratorias, al desplazarse cientos de kilómetros, actúan como vectores clave de dispersión.
Texto: Claudio A. Bracho-Estévanez, Juan M. Morales, Pablo González-Moreno, Alejandro Onrubia, Sascha Rösner y Juan P. González-Varo
La dispersión es el proceso mediante el cual los organismos, ya sea de forma directa o gracias al movimiento de sus propágulos, se desplazan desde una población original a nuevas áreas. Este proceso ecológico es el primer filtro que determina la capacidad de una especie para llegar y, eventualmente, establecerse en una determinada localidad. Por ello, conocer la capacidad de dispersión de las especies resulta fundamental para entender la distribución de la biodiversidad a escala local, regional o global, así como para anticipar cómo podrían cambiar dichas distribuciones en el futuro.
En el caso de las plantas, la capacidad de dispersión depende de la diseminación de sus semillas mediante uno o múltiples vectores externos, como el viento, el agua o los animales. La mayoría de las semillas son dispersadas a distancias cortas de la planta madre, desde unas decenas hasta unos pocos cientos de metros. Esta dispersión local es esencial para comprender, entre otros factores, los cambios demográficos de las poblaciones vegetales, pero no basta para explicar procesos ecológicos y evolutivos que ocurren a escalas espaciales y temporales más amplias.
Algunas semillas pueden recorrer distancias mucho mayores, de decenas o incluso centenares de kilómetros. Aunque poco frecuente, esta dispersión a larga distancia facilita fenómenos cruciales para las plantas como su persistencia en paisajes fragmentados, l a colonización de islas oceánicas o la rápida redistribución ante cambios climáticos.
AUTORES:
Claudio Açaí Bracho-Estévanez, doctor por la Universidad de Cádiz, ha abordado en su tesis doctoral el potencial de las aves migratorias para dispersar plantas con fruto carnoso hacia sus futuros óptimos climáticos.
Juan Manuel Morales López es profesor en la Universidad de Glasgow y experto en ecología cuantitativa. Destaca su aportación científica en ámbitos como la modelización del movimiento animal o la dispersión de semillas por frugívoros.
Pablo González-Moreno es profesor en la Universidad de Córdoba. Su actividad científica está centrada, entre otros procesos ecológicos, en las dinámicas de colonización y expansión de las plantas invasoras.
Alejandro Onrubia Baticón es coordinador del programa de seguimiento de aves migratorias de la Fundación Migres. Sus principales líneas de investigación giran en torno al estudio del fenómeno de la migración de las aves.
Sascha Rösner es profesor en la Universidad de Marburg (Alemania). Buena parte de su actividad científica se centra en el estudio de las aves y su seguimiento y conservación.
Juan Pedro González-Varo es profesor titular en la Universidad de Cádiz. Su actividad científica aborda el estudio de las interacciones planta-animal, la dispersión de semillas por frugívoros y el impacto de los cambios en el paisaje en dichos procesos.
Dirección de contacto:
Claudio A. Bracho-Estévanez
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