Texto y fotos: Fundación Migres
Los pasados días 14 y 15 de enero se celebró en Jerez un encuentro sobre grandes rapaces, con el título de “Lecciones para la conservación de grandes rapaces: el caso del águila imperial ibérica como modelo”, organizado por la Fundación Migres. Para analizar los avances logrados y los nuevos retos en la protección de las grandes rapaces, las jornadas contaron con la asistencia de investigadores, técnicos y responsables institucionales, que ofrecieron ponencias de gran nivel, según los participantes. En ese encuentro, el presidente de la Fundación Migres, Miguel Ferrer, hizo una petición: la necesidad de crear una base de datos conjunta respecto a los peligros que merman las poblaciones de las grandes rapaces.
Varios de los intervinientes destacaron el buen estado de las poblaciones de águila imperial (Aquila adalberti), con crecimientos anuales del 5%, y de águila real (Aquila chrysaetos), con el 2,5%. Sin embargo, señalaron que las de águila perdicera (Aquila fasciata) y águila pescadora (Pandion haliaetus) se encuentran estancadas en 350 y 20 parejas, respectivamente, en Andalucía. Agustín Madero, del CSIC, y Ferrer pusieron de relieve que los convenios de conservación con propietarios, que suman un total de cien mil hectáreas, son una de las bazas para los excelentes resultados del águila imperial, el águila de gran tamaño con distribución más restringida en Europa. En su contra juega la muerte no natural: un 50% por electrocución y un 12% por persecución directa, como disparos.
Otro de los participantes, Diego García, de la Agencia de Medio Ambiente y Agua de la Junta de Andalucía, informaba que de 70 parejas de águila imperial se ha pasado en España a las 1.100, de las cuales 170 viven en Andalucía , siendo Doñana la única población en la que esa cifra no ha crecido en la Península Ibérica.
En cuanto al problema de los tendidos eléctricos, José Rafael Garrido, de la Agencia de Medio Ambiente y Agua de la Junta de Andalucía, señalaba que existen 50.000 kilómetros en Andalucía, en los cuales se contabilizan miles de aves muertas por descargas, con cifras muy oscilantes –las situaba entre 9.000 y 100.000– pues no se dispone de datos suficientes y menos aún por colisiones. Desde el año 2000 se han adaptado 13.000 apoyos y Garrido espera que en 2030 no queden puntos negros. En este sentido, García apuntaba que una de cada cinco águilas imperiales electrocutadas moría en apoyos corregidos, pero con sistemas inadecuados.
Pescadora, real y perdicera: tres águilas con distintas situaciones
Otra de las rapaces protagonista del encuentro fue el águila pescadora, de la que informó Carlos Torralvo, técnico de la Fundación Migres. Esta rapaz reintroducida, de la que se trajeron 191 ejemplares del norte de Europa, cuenta actualmente con veinte territorios de cría andaluces, la mitad en las Marismas del Odiel y el resto en Los Alcornocales. La población de águila pescadora está estancada y una de las causas es la alta mortalidad en redes de piscifactoría, un problema aún no gestionado. De su reintroducción en la provincia de Cádiz hablaron Virginia Morandini, del CSIC, y Ferrer. Dos de las conclusiones que aportaron los expertos es que al menos son necesarios cien individuos para que sea exitosa la reintroducción y que los pollos de hacking –cría campestre dirigida por el hombre– sobreviven más que los salvajes.

Público asistente al encuentro de Jerez.
El águila real es otra de las rapaces que goza de buena salud. Según Jesús Bautista, presidente de Wilder South, el dato de crecimiento de su población es del 2,5% anual. Sin embargo, esta rapaz también sufre un lamentable incremento de muerte por tiroteo. Bautista subrayaba que “la conservación funciona, pero el éxito genera nuevos retos y la gestión debe ser adaptativa”.
En cuanto al águila perdicera, fue Iñigo Fajardo, de la Consejería de Sostenibilidad y Medio Ambiente de la Junta de Andalucía, el encargado de dar la buena noticia de las 350 parejas que hay en la región, lo que es casi la mitad de todas las de Europa. No obstante, la más pequeña de las grandes rapaces sufre muchas lagunas de conocimiento y sus poblaciones resultan muy cambiantes, lo cual provoca bastante incertidumbre sobre su estado.
Próximas reintroducciones
La noticia de dos próximos regresos culminó el encuentro. El primero, el del quebrantahuesos (Gypaetus barbatus) al Parque Natural Sierra de Grazalema, cuyo director, José Manuel Quero, avanzó que está previsto en 2027, tras haberse elegido ya el lugar para el hacking. Para esta reintroducción se cuenta con la amplia experiencia de los técnicos del centro de cría de Guadalentín (Cazorla).
La otra rapaz que se tiene previsto reintroducir es el pigargo (Haliaeetus albicilla), cuya presencia histórica está documentada por registro fósil, literario y cultural, según indicaron Morandini y Ferrer, y confirmaba un técnico de la especie en su población asturiana. Este proyecto de reintroducción, elaborado por la Fundación Migres, sigue su tramitación en la Consejería de Sostenibilidad y Medio Ambiente , según indicó su representante.
Estas jornadas sobre grandes rapaces forman parte del Plan de Conservación de la Biodiversidad desarrollado en la planta solar El Rancho, promovida por Statkraft y con la dirección ambiental y coordinación técnica de Texla Renovables, en colaboración con la Fundación Migres. También se cuenta con el consenso de la Delegación Territorial de Sostenibilidad y Medio Ambiente de la Junta de Andalucía en Cádiz.