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El lenguaje invisible: qué cuentan las heces del lobo

Lobos fotografiado s en condiciones controladas (foto: ramoncarretero / Adobe Stock).

Al descubierto un aspecto muy relevante del sistema de comunicación de una especie emblemática

Martes 30 de junio de 2026

Un lobo deja mucho más que un excremento cuando marca su territorio. Las heces contienen señales químicas que otros ejemplares pueden interpretar incluso días después. Sin embargo, estos mensajes no son permanentes y se transforman por diversas causas. Un estudio revela cómo se degrada esta información olorosa y qué factores condicionan su persistencia.



Texto: Elisa Espartosa, José Martín e Isabel Barja

Un cruce de caminos en un monte puede parecer un lugar cualquiera. Para un lobo, sin embargo, es un tablón de anuncios, pues en estos caminos confluyen rutas, individuos y territorios. Los lobos marcan, lo sabemos, con su orina, con secreciones de los sacos anales y con sus heces. Sobre una piedra, al pie de un arbusto o en mitad del sendero, el marcaje es algo más que un rastro: es un mensaje. Lo que todavía estamos empezando a comprender es cómo envejece este mensaje.

Las marcas fecales son un mensaje químico, es decir, una frase escrita con moléculas. Algunas son letras que se borran en horas y otras, un sello que aguanta días o semanas. En las heces del lobo conviven ambas: compuestos orgánicos muy volátiles y otros extraordinariamente estables. En conjunto, forman una señal que envejece, se transforma y pierde información progresivamente. Pero ¿cómo ocurre ese proceso?, ¿qué parte del mensaje se conserva y cuál se desvanece?, ¿influye el sustrato donde el lobo deposita la marca fecal en la duración de esa señal?

En los mamíferos territoriales, la comunicación química cumple funciones esenciales. Permite delimitar espacios, evitar conflictos, reconocer individuos y transmitir información social o reproductiva. En el caso del lobo, estas señales adquieren una importancia especial debido a que los territorios son extensos, los encuentros directos no siempre ocurren y gran parte de la información circula en ausencia del emisor.

AUTORES:
Elisa Espartosa García es una joven investigadora y bióloga de la conservación. Actualmente es estudiante predoctoral por la Universidad Autónoma de Madrid, donde se centra en la ecología y la conservación de los vertebrados. Durante su formación como investigadora ha trabajado con el lobo, entre otras especies.
José Martín Rueda es profesor de investigación en el Departamento de Ecología Evolutiva del Museo Nacional de Ciencias Naturales, del CSIC. Trabaja desde hace años investigando los sistemas de comunicación de los animales, con especial énfasis en el papel de las señales visuales y químicas en la reproducción, selección sexual y especiación de los reptiles, pero también de los mamíferos y las aves.
Isabel Barja Núñez es profesora titular e investigadora en el Departamento de Biología de la Universidad Autónoma de Madrid. Lleva trabajando con el lobo ibérico desde hace más de 25 años en distintas zonas de la Península Ibérica y ha liderado diferentes estudios científicos sobre esta especie. La comunicación animal es una de sus principales líneas de investigación.

Dirección de contacto:
Elisa Espartosa
elisa.espartosa@estudiante.uam.es

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