En Quercus nos gusta ser fieles a una pauta de edición que venimos manteniendo desde hace años, la de dedicar cada cierto tiempo nuestra portada al lobo. Es el caso de este número, donde el cánido salvaje es además protagonista de uno de los artículos que publicamos. En él se explica cómo las heces depositadas por esta especie forman parte de un sistema de comunicación silencioso, pero esencial para su organización social y territorial. Es sólo un ejemplo de la fascinante y compleja ecología del lobo, algo que ya sería motivo para protegerle como tesoro biológico, a lo que se suma su papel ecológico como regulador de las poblaciones de ungulados silvestres. Gracias a ello, el lobo contribuye a reducir daños agrícolas y forestales, así como accidentes de tráfico, y limita la propagación de enfermedades como la tuberculosis bovina o la peste porcina.
Se trata de una función insustituible, con beneficios claros para la sociedad y para el medio rural, aunque todavía muchas veces desconocidos o infravalorados. Quienes sí los tienen muy en cuenta son la gran cantidad de organizaciones ecologistas, conservacionistas y animalistas que han presentado alegaciones a la fase de consultas que el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (Miteco) abrió con respecto al informe sexenal sobre el lobo ibérico que España debe remitir a la Comisión Europea, en cumplimiento de la Directiva de Hábitat. Este documento recogerá información actualizada sobre la situación de nuestros lobos entre 2019 y 2024 y servirá como base para que Bruselas evalúe el estado de conservación de la especie en España, algo que tendrá una influencia decisiva en su futura gestión.
En esas alegaciones se solicita al Miteco que mantenga la actual valoración desfavorable sobre la situación del lobo, al considerar que persisten graves problemas de tamaño poblacional, diversidad genética y mortalidad no natural, especialmente por caza furtiva. Frente a ello, varias comunidades autónomas, encabezadas por Galicia, defienden un informe alternativo que sostiene que el lobo ya se encuentra en un estado favorable, lo que permitiría mantener o incluso ampliar los actuales controles letales sobre la especie. Para organizaciones ecologistas como Amigas de la Tierra, Ecologistas en Acción, Greenpeace, SEO/BirdLife y WWF, esa lectura contradice las evidencias científicas y responde a una creciente politización de las decisiones sobre la conservación de la naturaleza en España. Advierten de que esta tendencia no afecta sólo al lobo, sino también a otras especies en declive, como la anguila, el salmón, la tórtola y la codorniz. Por eso reclaman que las evaluaciones se basen exclusivamente en criterios científicos, legales y transparentes, sin interferencias políticas ni presiones económicas.
Como reflexión final recurrimos a lo expresado en el muy recomendable informe Lo que el lobo nos da, publicado por WWF España en 2020: “Una sociedad europea moderna debe ser capaz de valorar los beneficios que aporta una especie como el lobo y de poner en marcha mecanismos eficaces para garantizar su protección, su conservación y su coexistencia con las actividades humanas”.