El seguimiento con GPS de 64 buitres leonados y 26 quebrantahuesos entre 2016 y 2024 en el Noroeste Ibérico muestra que la planificación de los parques eólicos no siempre identifica las zonas de mayor riesgo para la fauna. Un mayor uso de datos reales de movimiento de las aves mejoraría la compatibilidad entre energías renovables y conservación de la biodiversidad.
Texto: Elena Bravo, Jorge Rodríguez, María Fernández, Iván Gutiérrez, José Vicente López Bao y Patricia Mateo
Mitigar el cambio climático y detener la pérdida de biodiversidad están entre los principales Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas. Sin embargo, compatibilizarlos se ha convertido en un reto para el que los Paneles Intergubernamentales sobre Cambio Climático (IPCC) y Biodiversidad (IPBES) consideran imprescindible avanzar sin que la consecución del primero comprometa nuestra capacidad de alcanzar el segundo.
El crecimiento actual de energías renovables como la eólica, una de las fuentes con mayor proyección en todo el mundo, se puede traducir en un incremento de los ya notables efectos negativos de la actividad humana sobre la biodiversidad. La mortalidad de aves y murciélagos –tanto en los aerogeneradores como en las instalaciones de transformación y evacuación asociadas– es uno de los impactos más severos y reconocidos de los parques eólicos. Sin embargo, no tienen el mismo reconocimiento la destrucción y la alteración de hábitats provocadas por estas infraestructuras, que demandan grandes extensiones de terreno. La mitigación efectiva de los impactos ambientales de las energías renovables es fundamental para la compatibilización que reclaman no sólo las instituciones internacionales ya mencionadas, sino también muchas otras entidades y colectivos públicos y privados.
AUTORES:
Elena Bravo Chaparro, Jorge Rodríguez Pérez y María Fernández García son estudiantes de doctorado en la Universidad de Oviedo y, junto con José Vicente López Bao y Patricia Mateo Tomás, científicos titulares del CSIC, forman parte del grupo de investigación “Coexistencia para la conservación” en el Instituto Mixto de Investigación en Biodiversidad. Este centro adscrito al CSIC, la Universidad de Oviedo y el Principado de Asturias tiene su sede en Mieres (Asturias). Iván Gutiérrez Gutiérrez trabaja actualmente en la ONG portuguesa Palombar, donde coordina proyectos relacionados con la conservación de las aves necrófagas.
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Elena Bravo
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