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El declive del arao en la península Ibérica

El cambio climático no siempre es el villano

Por Ignacio Munilla y Alberto Velando

Miércoles 22 de octubre de 2014
La población nidificante de arao ha sufrido un aparatoso desplome en las costas gallegas y portuguesas a partir del año 1960. Colonias que hace cinco décadas contaban con miles de parejas reproductoras han desaparecido o han quedado reducidas a su mínima expresión. ¿Por qué? En este artículo se aportan algunas claves para desentrañar el enigma

Las dos o tres parejas de arao (Uria aalge) que se empeñan en sacar adelante sus pollos al abrigo de los acantilados de cabo Vilán, en la Costa da Morte gallega, son todo lo que queda de la población reproductora de esta especie en la península Ibérica. Y, sin embargo, hace poco más de cincuenta años, el airo –como se le conoce en gallego– superaba en efectivos a cualquiera de las otras aves marinas que nidificaban en la fachada atlántica ibérica e incluso era más común que la propia gaviota patiamarilla (Larus michahellis). Hacia 1950 y sólo en Galicia, es probable que nidificasen más de 5.000 parejas de arao repartidas en siete colonias principales. El primer recuento serio data de 1948, cuando Francisco Bernis censó 3.000 individuos en las islas Sisargas, frente a las costas de Malpica.

Otro bastión importante se localizaba en las islas Berlengas, en la costa portuguesa, unos cien kilómetros al norte de Lisboa; allí, según Ronald M. Lockley, criaban 6.000 parejas en 1939. De regreso a Galicia, otras colonias importantes se encontraban en las islas Cíes, en la isla de Ons y en los islotes Aguillóns, junto al cabo Ortegal (Figura 1). El resto de la población, a juzgar por los escasos e inciertos datos disponibles, se repartía en varias colonias menores, cuyo límite meridional sería el cabo de San Vicente, en el Algarve portugués. En el Cantábrico es posible que el arao nidificase en Ansarón (Lugo) y en el cabo Vidio (Asturias).
¿Qué pintaba un ave polar en el Algarve?
Si tenemos en cuenta que se trata de un ave de distribución circumpolar, cuyas colonias –que suman millones de individuos reproductores– se localizan casi exclusivamente entre los 50 y los 70 grados de latitud norte, es posible que la presencia de araos en la península Ibérica resulte chocante. Su patrón de abundancia y distribución es análogo al de muchos otros organismos norteños. Por lo general, consta de un área de distribución principal en latitudes altas, más o menos continua, de la cual se desgajan poblacionales cuyo tamaño se va reduciendo conforme disminuye la latitud. Los factores ambientales parece que explican de forma bastante satisfactoria la distribución geográfica del arao, puesto que, en el Atlántico Norte, todas sus colonias quedan circunscritas a las costas bañadas por las aguas subárticas y boreales. Estas últimas, ocupan una ancha banda entre Terranova y Escandinavia, si bien se extienden por latitudes más bajas formando una lengua que, pegada a la fachada atlántica ibérica, muere en el mismo cabo de San Vicente (Portugal).

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