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Hay que devolver los robles canarios a Canarias

Robledal maduro de quejigo andaluz en la finca de La Garganta, en el sur de la provincia de Ciudad Real (foto: Óscar García).

Un recorrido histórico por las evidencias de la presencia del quejigo andaluz en Tenerife

Jueves 28 de mayo de 2026

Cuando pensamos en Canarias nos vienen a la mente paisajes volcánicos y bosques de laurisilva. Pero su flora actual es sólo un reflejo parcial de lo que fue. Tenemos el caso del quejigo andaluz, del que –al margen de controversias– sabemos que habitó estas islas en otros tiempos, algo que hace que nos preguntemos qué especies desaparecidas del archipiélago podrían regresar.



Texto: Pablo Ferrer y Juan Jiménez

La diversidad biológica de las islas Canarias constituye uno de los patrimonios naturales de mayor valor biogeográfico del planeta. En el imaginario colectivo, el archipiélago se asocia a una vegetación tan exuberante como singular, moldeada por barrancos abruptos y contrastes climáticos. Entre la niebla que envuelve los bosques aparece la laurisilva y entre las plantas que resisten condiciones de extrema aridez se encuentran algunos de los tesoros que definen la riqueza vegetal de Canarias. Pero la vegetación actual puede no ser la original, como ocurre en otras islas colonizadas por los humanos desde antiguo y que sufrieron la transformación de su flora y fauna, incluyendo la extinción de especies propias.

Una antigua confusión
En biología es frecuente encontrar especies cuyo nombre hace referencia a un lugar geográfico, evocando su procedencia o distribución original. Sin embargo, en algunos casos, estas denominaciones resultan engañosas, ya que las especies en cuestión no se encuentran actualmente en dichos lugares o nunca estuvieron allí en condiciones naturales. Este fenómeno refleja errores de identificación inicial, información dudosa de los coleccionistas originales o simplemente la convención de nombrar nuevas especies con base en lugares asociados a exploradores, colecciones o contextos históricos, más que a su distribución real. Uno de estos ejemplos es el quejigo andaluz (Quercus canariensis), un caso paradigmático y discutido en la literatura botánica española desde mediados del siglo pasado. Durante mucho tiempo se consideró un nombre confuso, al no conocerse robles en Canarias. Pero la historia que hay detrás es mucho más interesante.

AUTORES:
Pablo Ferrer Gallego es doctor en Ciencias Biológicas por la Universidad de Valencia. Trabaja en el Centro para la Investigación y Experimentación Forestal (CIEF), dependiente en parte del Servicio de Vida Silvestre y de la Red Natura 2000 de la Generalitat Valenciana, donde desarrolla su labor en el ámbito de la conservación de la flora valenciana. Además, centra su investigación en la nomenclatura botánica, la florística y la taxonomía de plantas vasculares.
Juan Jiménez Pérez es doctor en Ciencias Biológicas y, tras cuarenta años dedicados a la conservación de la naturaleza, principalmente desde la Generalitat Valenciana, se ha jubilado. En la actualidad, centra su actividad en el estudio y la divulgación escrita sobre la relación histórica entre nuestra especie y las demás con las que ha convivido, durante milenios, en la Península Ibérica.

Dirección de contacto:
Pablo Ferrer
pferrergallego@gmail.com


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