En artículos anteriores publicados en esta misma revista abordé los costes letales que supuso la desaparición de los buitres en la India (ver Quercus 463, págs. 40 y 41) y el valor económico que tienen los árboles en nuestras ciudades (ver Quercus 478, págs. 52 y 53).
En esta ocasión, el turno es para el lobo (Canis lupus). La motivación de este artículo sigue siendo visibilizar los beneficios, en principio intangibles, de la presencia de ciertas especies animales. E n el caso del lobo, los costes económicos que ocasiona se calculan con relativa facilidad, pero no así sus beneficios. Y lo invisible, como suele ocurrir también en política, raramente se recompensa o se tiene en cuenta: el político que reacciona con acierto ante una catástrofe recibe todo el reconocimiento, pero no aquel que la evita.
AUTOR:
Carlos Sunyer Manteiga (csunyer@eco.uc3m.es) es estudiante de doctorado en el Departamento de Economía de la Empresa en la Universidad Carlos III de Madrid.