Texto: Juan José Ferrero-García
Se suele considerar al lince ibérico (Lynx pardinus) como el primer mamífero protegido en España, mediante una precursora norma del Ministerio de Agricultura, la Orden de 2 de marzo de 1966. Esta afirmación es correcta, pero sólo si nos referimos a taxones terrestres que, desde su inicial amparo legal, han mantenido hasta el presente la condición de especies protegidas en el territorio español. De hecho, con anterioridad a ese año varios mamíferos salvajes fueron f avorecidos por la ley. Así, por ejemplo, la caza del oso pardo (Ursus arctos) estuvo prohibida durante los cinco años siguientes a la aprobación, el 30 de octubre de 1952, de otra orden del Ministerio de Agricultura. Sin embargo, pasado ese lustro las acciones cinegéticas sobre el plantígrado se reanudaron y hubo que esperar a 1971 para que se volviera a salvaguardar.
La protección transitoria del oso en la década de los años cincuenta es un episodio conocido. Por el contrario, quizás algunos se sorprendan al saber que hubo seis mamíferos más para los que se adoptaron regulaciones protectoras antes de 1966. En particular, destaca el caso de la ballena vasca, ballena franca glacial o ballena de los vascos (Eubalaena glacialis), que podría calificarse, en sentido amplio, como nuestro primer mamífero protegido. Es sabido que este cetáceo se blindó por una convención internacional en los años treinta. En cambio, no resulta tan notorio que España ratificó plenamente este tratado en 1933, con una ley sancionada por el Congreso de los Diputados.
AUTOR:
Juan José Ferrero García, biólogo, comenzó su carrera profesional en la Estación Biológica de Doñana. Desde 1997 trabaja en la Junta de Extremadura. Entre otras publicaciones, es autor de más de una veintena de artículos en revistas científicas y de divulgación ambiental, sobre aspectos históricos de la fauna y su conservación.
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