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El retraso en la descripción de nuevas especies pone en peligro su conservación

Un macho (el más pequeño) y una hembra de “Pristimantis omeviridis” durante su apareamiento. La especie fue descrita en 2015 en la Amazonía ecuatoriana (foto: Alberto Sánchez-Vialas).
Un macho (el más pequeño) y una hembra de “Pristimantis omeviridis” durante su apareamiento. La especie fue descrita en 2015 en la Amazonía ecuatoriana (foto: Alberto Sánchez-Vialas).
viernes 30 de enero de 2026, 11:42h

El primer paso para poder conservar una especie es reconocer su existencia, lo que implica describirla y nombrarla formalmente. Según un estudio del Museo Nacional de Ciencias Naturales se tarda de media más de una década en realizar ese proceso, lo cual puede poner en peligro la conservación de la especie.

Texto: Museo Nacional de Ciencias Naturales

Tras analizar el proceso de descubrimiento de novecientas especies de ranas, descritas entre 2000 y 2023 en cuatro regiones tropicales de una biodiversidad excepcional (Ecuador, India, Madagascar y Melanesia), investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN), del CSIC, han determinado que pasa una media de 11,3 años desde que una nueva especie se encuentra en el campo hasta que se nombra y se da a conocer a la comunidad científica.

La principal consecuencia de esta demora es que, al no estar nombradas, estas especies no entran en los listados de cada país y quedan por lo tanto excluidas de las evaluaciones de riesgo. Es decir, carecen de protección bajo las leyes de conservación actuales. Y es que, para poder conservar una especie y prevenir su extinción, el primer paso es reconocer su existencia, lo que implica que la taxonomía –la ciencia que describe a los seres vivos– la describa y la nombre formalmente.

Según la investigación, publicada en la revista PLoS One, sólo el 36% de las especies analizadas fueron nombradas durante los cinco años siguientes a su descubrimiento, mientras que el 64% restante requirió muchos más años.

Esto indica que una parte importante de las descripciones se basa en especímenes recogidos recientemente y que las expediciones, el trabajo de campo y las colectas siguen siendo imprescindibles para catalogar la vida del planeta.

Por otro lado, las descripciones que se demoran más en el tiempo suelen corresponder a ejemplares que ya fueron almacenados en las colecciones de historia natural, lo que revela un problema grave de falta de actividad científica sobre las mismas y, al mismo tiempo, pone de manifiesto el papel fundamental de las colecciones biológicas como reservorios de especies aún por describir.

La taxonomía, una disciplina en declive
La pérdida de biodiversidad es el mayor problema ambiental al que debemos hacer frente. La actividad del ser humano está diezmando las especies y los ecosistemas que las sostienen a un ritmo alarmante, poniendo en peligro nuestra propia supervivencia a largo plazo. Al mismo tiempo, gran parte de la diversidad del planeta todavía no ha sido descubierta ni descrita, lo que implica que numerosas especies están desapareciendo incluso antes de haber sido documentadas.

“Los anfibios ejemplifican muy bien esta problemática, ya que son el grupo de vertebrados más amenazado del planeta. Actualmente se conocen cerca de 9.000 especies de anfibios en el mundo, pero el hecho de que cada año se describan alrededor de 150 especies nuevas y se detecten decenas de candidatas sugiere que hemos infraestimado –y por mucho– el número que realmente existen”, explica Albert Carné, primer autor del estudio.

Las especies constituyen los bloques básicos que sustentan la mayoría de disciplinas biológicas. La taxonomía, encargada de describirlas y nombrarlas, es la ciencia en la que se basa nuestro conocimiento de la biodiversidad. “Lamentablemente, la taxonomía no pasa por un buen momento. Los profesionales de esta disciplina son cada vez menos y no se está dando un relevo generacional. Además, es una de las disciplinas científicas con menos recursos”, se lamenta otro de los autores del trabajo, Ignacio de la Riva. “La ciencia actual parece no dar cabida a la taxonomía, penalizándola con métricas científicas que sólo priorizan el impacto de las publicaciones”, continúa De la Riva.

Las especies, por sí mismas, son un elemento de presión para la conservación: nadie quiere perder la biodiversidad de una región en la que se sabe que habitan miles de ellas y por lo tanto es vital reducir los tiempos de descripción. “Si queremos preservar a las especies y a los ecosistemas que nos permiten vivir en este planeta, es importante reforzar la investigación taxonómica. Tenemos el deber moral de conocer qué especies habitaban este planeta antes que nosotros y, para ello, continuar explorando, revisar el material existente y delimitar y describir a las especies es fundamental”, concluye Carné.

Artículo de referencia:
Albert Carné y otros autores (2025). Croaking for haste: How long does it take to describe a frog species since its discovery? PLoS One, 21 (1).

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