Texto: Eva Rodríguez / SINC
El océano, que cubre más de dos tercios del planeta, se ha convertido en un vertedero invisible para la vida marina. Desde los frailecillos atlánticos (Fratercula arctica) hasta las marsopas (Phocoena phocoena), los plásticos que llegan a nuestras aguas se acumulan en sus estómagos y amenazan su supervivencia.
Un nuevo estudio publicado en PNAS alerta del elevado porcentaje de macroplásticos en la fauna marina. Aunque la mortalidad directa es baja, ciertos plásticos resultan especialmente dañinos. Además, casi la mitad de los animales que ingirieron plásticos son especies amenazadas incluidas en la Lista Roja de la UICN. La investigación, liderada por la organización internacional Ocean Conservancy, es el análisis más completo hasta la fecha sobre cómo distintos tipos de residuos –desde bolsas y envoltorios flexibles hasta fragmentos de globos y botellas– pueden causar la muerte de aves, tortugas y mamíferos marinos al quedar atrapados en su sistema digestivo.
“Las aves marinas son particularmente vulnerables incluso a pequeñas cantidades de plástico porque tienen tractos digestivos muy estrechos y los plásticos a menudo se quedan atascados en las uniones, bloqueando el paso entre las dos secciones del estómago o entre el estómago y los intestinos. Pequeñas piezas de plástico duro también pueden perforar el tracto digestivo, lo que resulta especialmente peligroso en animales pequeños”, declara Erin Murphy, autora principal del estudio y gerente de investigación sobre plásticos oceánicos de Ocean Conservancy.
"Hace tiempo que sabemos que las criaturas oceánicas de todas las formas y tamaños ingieren plásticos; lo que quisimos entender es cuánto es demasiado”, explica Murphy. “La dosis letal varía según la especie, el tamaño del animal, el tipo de plástico que consume y otros factores, pero en general es mucho menor de lo que podemos imaginar, lo cual es preocupante si consideramos que cada minuto entra al océano más plástico que el que cabe en un camión de basura”, añade la investigadora.
No existe una cantidad de plástico segura
Los investigadores analizaron más de diez mil necropsias realizadas en todo el mundo, en las que se conocía tanto la causa de muerte como la presencia de plásticos en el tracto digestivo. Entre los animales estudiados había 1.537 aves marinas de 57 especies, 1.306 tortugas marinas de las siete especies conocidas y 7.569 mamíferos marinos de 31 especies. A partir de estos datos, establecieron la relación entre la cantidad y el volumen de plástico ingerido y la probabilidad de muerte, y evaluaron los distintos tipos de plásticos para identificar cuáles son más peligrosos: el caucho y los plásticos duros resultan especialmente letales para las aves, los plásticos blandos y duros para las tortugas y los plásticos blandos y los desechos de pesca para los mamíferos marinos. “Este estudio nos recuerda que las bolsas de plástico, los aparejos de pesca perdidos y otros objetos grandes pueden ser peligrosos para animales grandes y pequeños”, apunta Britta Baechler, directora de investigación sobre plásticos oceánicos de Ocean Conservancy y coautora del estudio. “Una de cada veinte tortugas marinas que estudiamos murió por ingerir plásticos”, apunta.

Basura de plástico arrastrada a la orilla en la isla de Laysan, en el archipiélago de Hawái (foto: Susan White/USFWS).
Casi la mitad de todas las tortugas marinas, un tercio de las aves y el 12% de los mamíferos marinos tenían plásticos en su tracto digestivo al morir. En total, uno de cada cinco animales registrados había ingerido plásticos, a menudo de distintos tipos. Entre las aves, el 92% ingirió plásticos duros, el 9% blandos, el 8% restos de pesca, el 6% caucho y el 5% espumas. Apenas seis piezas de caucho, cada una más pequeña que un guisante, tienen un 90% de probabilidad de causar la muerte. “Nuestro análisis considera únicamente la muerte inmediata por ingestión de macroplásticos, pero si se tomaran en cuenta los efectos crónicos y subletales de la ingestión o la exposición a microplásticos, indudablemente observaríamos niveles más altos de mortalidad como consecuencia del plástico”, señala Murphy.
Entre las tortugas, el 69% consumió plásticos blandos, el 58 % restos de pesca, el 42% plásticos duros, el 7% espuma, el 4% caucho sintético y el 1% tela sintética. Estos reptiles son especialmente sensibles a los plásticos blandos: sólo 342 piezas del tamaño de un guisante serían letales con casi toda certeza. Entre los mamíferos marinos que ingirieron plástico, el 72% consumió restos de pesca, el 10% plásticos blandos, el 5% caucho, el 3% duros, el 2% espuma y el 0,7% tela sintética. Veintiocho piezas, más pequeñas que una pelota de tenis, pueden matar a un cachalote (Physeter macrocephalus) en el 90% de los casos.
En este sentido, Murphy señala que sería deseable que los gobiernos adoptasen medidas que regulen estos artículos, como la prohibición de bolsas de plástico o la suelta de globos. Investigaciones recientes han demostrado que las prohibiciones de bolsas son efectivas, ya que reducen hasta casi la mitad la cantidad de este material en las costas. Sin embargo, el estudio muestra que no existe un tamaño o cantidad de plástico segura en los océanos, por lo que se necesitan políticas que reduzcan la producción de manera general.
Toneladas de residuos llegan cada año a las playas
Cada año, más de once millones de toneladas de plástico llegan a los océanos, gran parte procedente de artículos de un solo uso. Los científicos subrayan que, para abordar la crisis de contaminación plástica, es necesario reducir su producción, mejorar la recolección y el reciclaje y recuperar los plásticos ya presentes en el medio ambiente. “Estamos encantados de contar con esta investigación que cuantifica los impactos de la contaminación plástica en la vida silvestre”, señala Anja Brandon, directora de política sobre plásticos de Ocean Conservancy. “Aunque no hay una solución única, estos números reafirman que nuestro trabajo sobre artículos problemáticos como globos y bolsas de plástico es realmente significativo. Cada política y cada acción individual cuenta”.
Artículo de referencia:
Erin L. Murphy y otros autores (2025). A quantitative risk assessment framework for mortality due to macroplastic ingestion in seabirds, marine mammals, and sea turtles. PNAS, 122: (48).