Texto: Carlos Cano-Barbacil y Miguel Ángel Gómez-Serrano
Un estudio internacional en el que hemos participado los autores de este artículo de Quercus ha analizado más de 56.000 observaciones, incluidas en 308 series temporales, de aves en ecosistemas costeros recopiladas entre 1957 y 2024 en tres grandes regiones europeas: el mar Báltico, el mar del Norte y el Mediterráneo occidental. Este trabajo incluye principalmente especies propias de humedales costeros –como anátidas, espátulas y ardeidas– y aves marinas neríticas, es decir, ligadas a aguas costeras e islotes, como gaviotas y charranes. Los resultados, publicados en la revista científica internacional Global Change Biology, dibujan un panorama complejo, pero que deja la puerta abierta a la esperanza.
Las aves que habitan en playas, acantilados, estuarios y pequeñas islas cumplen un papel fundamental en el funcionamiento de los ecosistemas costeros y marinos. Al alimentarse en el medio acuático y desplazarse hacia el medio terrestre para descansar o nidificar, contribuyen de forma directa al transporte de nutrientes, fertilizando suelos y aguas, además de regular las poblaciones de peces, insectos y otros animales.
AUTORES:
Carlos Cano-Barbacil es investigador postdoctoral Juan de la Cierva en el Museo Nacional de Ciencias Naturales, del CSIC. Su trabajo se centra en comprender cómo las actividades humanas y las especies invasoras transforman las comunidades de animales acuáticos.
Miguel Ángel Gómez-Serrano es profesor del Departamento de Microbiología y Ecología en la Universidad de Valencia e investigador del Instituto Cavanilles de Biodiversidad y Biología Evolutiva. Su investigación está centrada en los ecosistemas litorales, con especial atención a las aves y a las actividades humanas que afectan a su biología reproductora.
Dirección de contacto:
Carlos Cano-Barbacil
carlos.cano@mncn.csic.es