El pasado 17 de enero, tras casi dos décadas de negociaciones, entró en vigor el Tratado de Alta Mar. Auspiciado por las Naciones Unidas, al cierre de este número de Quercus había sido firmado por 83 países, entre ellos España. Es una muy buena noticia, pues se comprometen a proteger las dos terceras partes de los océanos que quedan fuera de las denominadas aguas jurisdiccionales. Es decir, el mar abierto. Además, el tratado establece un mecanismo jurídico vinculante que permite crear una red de Áreas Marinas Protegidas (AMP) que serán decisivas para alcanzar el objetivo de que el 30% de los océanos del planeta cuenten con figuras de protección en el año 2030. Una meta ambiciosa, pues, cuando hablamos de alta mar, solamente un 1% de su superficie está efectivamente protegida. Una vez más, el marco teórico y legal queda establecido. Ahora falta por ver en qué queda todo eso, habida cuenta de lo difíciles que son de gestionar las aguas internacionales y, por qué no decirlo, los nuevos escenarios geopolíticos y la actual debilidad de la ONU. Precisamente lo que trata de abordar el nuevo tratado es nada menos que la sobrepesca, la intensificación del transporte marítimo, las nuevas vías de navegación que abre el cambio climático y la minería en fondos marinos.
Acorde con esta filosofía, pero en aguas españolas, la Asociación Hombre y Territorio, con respaldo de la Universidad de Sevilla y la Fundación Biodiversidad, ha lanzado la propuesta de crear el primer Corredor de Coral de Europa. Se trata de conectar ecológicamente 600 kilómetros de litoral mediterráneo andaluz, desde Cádiz hasta Almería, mediante una red de micro-reservas marinas y arrecifes artificiales donde los corales puedan prosperar y extenderse libres de perturbaciones. Los lectores de Quercus recordarán algunas iniciativas en este sentido ya puestas en práctica por la Asociación Hombre y Territorio con el coral naranja y el coral candelabro. Y no son los únicos: Marina Palacios y los miembros de Coral Soul también trabajan con entusiasmo bajo el agua y ahora mismo existe una colonia de coral candelabro de nueva creación en la Punta de la Mona (Granada) a la que han tenido la deferencia de bautizar con el nombre de Quercus.
Con este número de la revista ya distribuido, el 1 de marzo Naciones Unidas celebra el Día Mundial de las Praderas Marinas, ecosistemas igualmente decisivos para la salud del mar en aguas someras y auténticos reductos de biodiversidad. Por no hablar de su papel como sumideros de carbono. Es una fecha simbólica, como cualquier otro día mundial de los muchos que reseñamos a lo largo del año, pero sirven para refrescar la memoria y no bajar la guardia. Corales y praderas marinas no van a dejar de estar amenazados por un cóctel de factores adversos, pero todo suma: santoral laico, campañas de conservación y tratados internacionales.
No podía faltar una nota discordante en este recorrido por noticias esperanzadoras. Según informa la Asociación de Naturalistas del Sureste (ANSE), cuatro zifios o ballenatos de Cuvier vararon el 23 de enero en playas del Mediterráneo español. Dos de ellos en Mazarrón y Águilas (Murcia) y los otros dos en Carboneras y Pulpí (Almería). El suceso ha coincidido con la presencia de varios buques de la Armada en la bahía de Mazarrón. No puede establecerse una relación directa, pero tampoco es la primera vez que coinciden varamientos de cetáceos y maniobras militares. Queda mucho camino por recorrer, tanto en la mar como en tierra.